Cualquier pasado...


Es normal que se hable de lo retro como ese gusto que da mirar al pasado y recrearse en una estética también emocional. Ya me hubiera gustado a mí ser esa Megan (la nueva mujer de Draper) que le canta en francés «zou bisou bisou [...] mais oui je n?aime que vous» envuelta en un vestido yeyé de manga japonesa. Claro que eso me pasaría si hubiese nacido en América. Aquí en el lado Cuéntame lo retro huele más a plato Duralex y a tapete de ganchillo. Y a una tele en la que en lugar de salir esos periodistas de camisas remangadas y gafas de pasta -esas sí que son vintage- tipo Ray Ban WayFarer aparecían unos bigotitos que perdían toda la gracia. Para esta generación, lo retro debe ser ver a Hermida y a María Teresa en el Apueste por una, a Bigote Arrocet meneándole las caderas a la «señorita Mayra», a Julia Otero afilando su lengua y a la Milá dándole al pelo mientras echa, incisiva, la cara hacia adelante en sus preguntas. Esa podría ser una aceptable definición del pasado... presente. Excepto Hermida, el resto han sido noticia esta semana: Arrocet pisó La noria, María Teresa no se ha ido, Otero vuelve a la tele a hacer entrevistas (ese género que, según los programadores, es verdaderamente retro). Y la Milá... La Milá... aún mueve el culo por la audiencia.

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