Wagner en la España de las dos velocidades

César Wonenburger A CORUÑA

TELEVISIÓN

La programación de Das Rheingold como colofón a las conmemoraciones del decimoquinto aniversario de la OSG bien podría servir como metáfora del modelo de Estado de dos velocidades, impulsado desde el Gobierno central -con el AVE como ejemplo paradigmático-, que promueve el desarrollo de ciertas áreas geográficas mientras condena a otras. En Valencia, nada más inaugurar su teatro, se ha ofrecido la Tetralogía wagneriana al completo, con Zubin Mehta en el foso, y una nueva producción encargada a la Fura del Baus. Aquí hemos tenido que aguardar quince años para escuchar, de momento, únicamente el prólogo de la obra, considerada uno de los hitos de la cultura occidental, y en versión concertante: como ocurrió en su día con Lohengrin , la plantilla requerida no cabe en el foso. Víctor Pablo ha profundizado en su concepto para ofrecer una interpretación de gran aliento orquestal, que tuvo su punto culminante en la luminosa entrada de los dioses en el Walhalla, y el menos satisfactorio en el terrorífico (algo tibio) descenso al Nibelheim. Estuvo más atento que en otras ocasiones a las necesidades de los cantantes, notables en conjunto para lo que da de sí hoy un canto wagneriano bajo mínimos históricos, incluso en un Bayreuth en franca decadencia. No se encuentran en estos momentos voces como las que tuvieron a su disposición los Krauss, Knappertbusch o Keilberth en la época dorada. Ahora toca apañarse con lo que hay. Los más destacados fueron la impresionante Erda de Jill Grove, el Fasolt de Atilla Jun y el Alberich de Oleg Bryak. Y lo menos convincente el Wotan falto de brío heroico, de intensa humanidad, de Egils Silins. Iniciado el viaje, a partir de ahora viene lo más difícil, pero lo fundamental está: hay orquesta. El inobjetable éxito se vio recompensado con el entusiasmo final del público, que casi llenó la sala.