LOS MARINES norteamericanos que pegan tiros en Irak, además del móvil, el MP3 o el iPod, llevan una sofisticada cámara para grabar escenas de sus vidas, incluidas escaramuzas y combates, que cuelgan en www.ifilm.com, www.youtube.com o www.ogrish.com. Imágenes que entusiasman a consumidores y creadores, algunos confiesan que les permiten jugar a Coppola (Apocalipsis Now), Kubrick (La chaqueta metálica) o Stone (Platoon). Si el filmador está en el umbral de la inteligencia, el resultado puede ser demoledor. Centenares de horas de primera línea, allí donde no entra el reportero ni interviene la censura militar. A tal grado llegaron, que el Pentágono ordenó a sus tropas abstenerse de colgar vídeos. Ingenuos¿ Otro caso. Un alpinista en el Himalaya filmó a varios soldados chinos masacrando a un grupo humano. Puro azar, pero las imágenes aparecieron en www.youtube.com y el Gobierno chino se apresuró a declarar que su ejército actuó en defensa propia. Sin embargo, varias organizaciones de derechos humanos denunciaron que fue una matanza de refugiados tibetanos. Marines y alpinista, ni eran periodistas ni compraron sus cámaras para grabar más allá de su familia y amigos. Pero, también, primero la Red y después la televisión, acogieron sus grabaciones. A eso habrá que sumar otro fenómeno nuevo, la tele alternativa, las telestreets italianas o las emisoras de barrio. La revolución audiovisual pide paso, naturalmente con sus muchísimos riesgos.