IGUAL que hace la tira, las teles recibirán el año con idénticos ingredientes: uvas y campanadas, música y humor. ¿Imaginación escasa? Sí. ¿Miedo a lo desconocido? También. Desconocido en el sentido de cambiar de contenidos y no quedar en ridículo con unas cifras de audiencia que les señalen con el dedo, y eso que al día siguiente no salen los medios impresos y la gente está lo suficientemente baldada para importarle un pimiento estas minucias. El único indicio de cambio lo protagonizaron las privadas y algunas autonómicas cuando optaron por renunciar a la Puerta del Sol y dejarles la exclusiva a TVE, que sigue liderando esos minutos. Y en eso siguen. Habrá especiales kilométricos a partir de las campanadas y hasta muy entrada la madrugada. Veremos repetirse a cantantes en dos y hasta tres cadenas. Escucharemos chistes sin gracia y otros graciosos. Asomarán caras conocidas rebosantes de alegría con copas de cava (que apenas beben¿), entre luces de colores y serpentinas. Y tiene su mérito porque todo está enlatado y habrán interpretado su alegría unos días antes con un público igualmente divertido a la fuerza, que habrá celebrado la llegada del 2006 cuando 2005 estaba en su lenta agonía. Tampoco tiene mayor importancia, pero todo eso hace que el Fin de Año televisivo sepa a tramposo, y la trampa, como mínimo, inquieta¿