INTERFERENCIAS | O |
22 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LO LÓGICO sería hablar del gordo de la lotería, pero clonaríamos la columna de otros años y además la tele insiste en repetir sonrisas y alborotos y alborozos y cava a cántaros. Lo original fue un gorro. Algo tan simple como un gorro, ocupó a informativos y afines. Claro que no iba sobre una cabeza cualquiera, sino en la de Benedicto XVI, paseándose en su papamóvil por la plaza de San Pedro para su audiencia semanal ante miles de peregrinos. Tampoco había muchas referencias icónicas al gorro, vamos, que no era gorro vulgaris . Se trata del antiguo camauro, de terciopelo rojo con bordes de armiño, frecuente desde el Renacimiento y exhibido por última vez en 1963 por Juan XXIII. Más de cuarenta años se ausentó el camauro, de ahí que pasara de anécdota a categoría icónica. Nada tenía de novedoso que Benedicto XVI aflorase de nuevo a los medios por los apéndices que coloca sobre su papal cabeza, aparte del reglamentario solideo. Le vimos con numerosos gorros militares, y en el pasado octubre entusiasmó a la Guardia Civil al colocarse el caduco tricornio (de triste recuerdo en el franquismo, más temido que admirado¿). Quedó extraño sobre la primera sotana de la Iglesia católica. Dicho con el natural respeto, va a resultar que este Papa sale más en la tele por el uso de su cabeza que por lo que de ella emana.