Saramago se pasa a la realidad

Alberto Magro REDACCIÓN

TELEVISIÓN

Políticos y articulistas lusos actúan con sus virulentas críticas como los personajes de la última nóvela del Premio Nobel, que defiende el voto en blanco como forma de rebeldía

19 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Quienes defienden que la realidad supera siempre a la ficción asisten ahora a una nueva vuelta de tuerca. Por obra y gracia del escritor portugués José Saramago (Golega, 1922), la ficción se ha convertido en realidad. La culpa la tiene una certera novela, Ensayo sobre la lucidez, que ha revolucionado Portugal en el mes que ha pasado desde que llegó a las librerías lusas. El efecto ha sido tal que un día después del estreno en España los expresiones de ira están ya agotadas. Y todo porque a Saramago se le ha ocurrido promover el voto en blanco como forma de rebeldía, como recurso para denunciar los fallos de una democracia empeñada en convertir al ciudadano en un trámite engorroso que llega cada cuatro años. Tan peligrosa propuesta ha provocado que numerosos políticos y articulistas del país vecino se hayan unido para calificar de «aberrantes» los argumentos de la novela. La contundencia de las críticas ha generado un extraño efecto, que convierte la obra de Saramago en una suerte de ingenio interactivo: tras leerla, políticos, tertulianos y periodistas de carne y hueso comienzan a parecerse a los personajes ridiculazados en la novela que tan vigorosamente critican, cargando sin pudor alguno contra el Premio Nobel que osó cuestionar «la caricatura de democracia que vivimos» e invitó a los ciudadanos a abrir los ojos. Porque si algo hace Saramago es invitar a la reflexión. Y lo hace con un vertiginosa sucesión de píldoras de ironía, golpes de sorna y cañonazos de realidad. Tanta realidad, sorna e ironía que la sonrisa se escapa del rostro cuando uno de los políticos de la novela vilipendia a quienes siendo abstencionistas decidieron ir a las urnas para votar en blanco: «¿Si no era su costumbre votar, porque votó esta vez?», dice el personaje de la novela, recordando algunos de los argumentos escuchados en España tras la victoria socialista en las elecciones de marzo. Siniestras coincidencias La ficción de Saramago es tan real que asusta. Y no sólo por coincidencias como el atentado en una estación de tren que sacude la novela, utilizado políticamente para cargar contra quienes hacen que el voto en blanco supere el 80% en la ciudad de Saramago. La sensación de desamparo que emana de la novela desconcierta de un modo que únicamente es capaz de explicar uno de los personajes: «Nacemos, y en ese momento es como si hubiésemos firmado un pacto para toda la vida, pero puede llegar el día en que nos preguntemos: ¿Quién firmó esto por mí?». Saramago no responde. Ni siquiera mitiga el desamparo. Apenas concede el derecho a patalear a quienes quieran escapar de un mundo de tinieblas en el que hasta la intocable luz de la democracia parpadea.