«Todos tenemos una debilidad»

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN

TELEVISIÓN

Antonio Mourelos hace de Pombo, el rico y frío contrabandista de Celavella, y asegura que, a pesar de las apariencias, su personaje es «un encanto».

24 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Antonio Mourelos tiene una voz magnífica, una voz que conoce a la perfección, no en vano es actor de doblaje desde hace veinte años. En la pantalla, en cambio, es casi un novato, tres años sólo, aunque muy completos: Rías Baixas para TVG y Los lunes al sol o El lapiz del carpintero para la pantalla grande. -No, el cine es algo que siempre me atrajo. De hecho, me fui a Madrid a estudiar Imagen y Sonido para ser director de cine. Pero después las circunstancias te llevan por otros caminos... -Que le gustan -Sí, porque ser actor está bien. Es cómodo, te tratan bien, te miman y te pagan... ¡Qué más quieres! (risas). -¿Es muy diferente doblar a actuar? -Son dos técnicas totalmente diferentes. En el doblaje es más fácil porque el actor te da el 50%: pone la cara, los gestos, el tono... tú sólo tienes que imitarlo. -Tendrá preferidos, ¿no? -En cine tengo dos ídolos: Luis Tosar y Michael Caine. Al primero lo conozco, es de Lugo, como yo, y trabajamos juntos; al segundo lo he doblado en quince películas y con él he aprendido a actuar. Con él y con Ed Harris y Dennis Hopper. -¿Y el peor? -¡Hum! Richard Gere. Es dificilísimo de doblar porque dice mal las frases. -Y no es lo mismo «ser» un antihéroe como Caine que un chico tipo Gere... -Claro... cuando me preguntan qué personaje me gustaría hacer siempre digo el de un perdedor en una película de serie negra. -Pues Pombo, su personaje en «As leis de Celavella» no parece responder a este perfil... -Sí, sí que responde... ¡Pombo es un encanto, hombre! -Si usted lo dice... -(Risas) Es el rico del pueblo, claro, pero también tiene su corazoncito. Es de los personajes más bonitos que he hecho, porque es muy humano: es un hombre de negocios al que no le cuelan ninguna, pero tiene golpes de bonachón. -¿Le redime de sus mezquindades ser padre y madre de Inés, la farmacéutica? -Inés es su debilidad, y también todo el género femenino. Está muy concienciado contra los malos tratos y tiene gestos muy generosos. -¿Cree que podría existir un Pombo en 1925? -En los años veinte no sé, pero después de la guerra, con el estraperlo, yo creo que sí. Hombres firmes en los negocios pero maravillosos para los suyos. -No hay duda de que en 1925 era difícil sobrevivir... -Sí, eso se ve a lo largo de toda la serie. Era una época muy dura y As leis de Celavella me ha enseñado mucho, desde los pagos a los amos por el alquiler de la tierra hasta el dinero que se daba para librar a los hijos de la guerra de África. -Vamos, que de alguna manera entiende a Pombo. -Perfectamente. Pombo busca el reconocimiento, el respeto social. Era el hijo del loco del pueblo, un auténtico don nadie, y con ingenio y siempre en la frontera supo hacerse con un dinero para vivir holgadamente. Pero no quiere que la gente lo considere el rico y nada más, si no que le respeten, que sepan que a él le cuesta mucho trabajo ganar ese dinero. -Y además está Inés... -Inés es su debilidad. Yo creo que todos tenemos una debilidad. Hasta los más impasibles, los hombres más duros la tienen. Y en el cine o en la televisión un personaje que no tenga un lado humano, tierno, se hace de cartón, no es creíble.