Pedro Peña afirma que los cantes con influencia gallega son fácilmente reconocibles dentro del flamenco. Aunque los compases -de tres por cuatro- son iguales a los de, por ejemplo, el cante jondo o las soleás, el ritmo final introduce ciertas notas que le hacen ser distinto al de las demás variantes del arte gitano. Hay grandes especialistas en la farruca. También, cómo no, granadinos. La evolución de las primitivas músicas del siglo XIII ha mezclado la guitarra española con las panderetas, tan típicas de, por ejemplo, los alalaes galaicos. «Los flamencos del XVII vertieron su sufrimiento de apartidas o de emigrantes en sus cánticos. Estar lejos de la tierra amada introdujo la pena en las melodías. Cuando no puedes hablar en la lengua de tus padres tienes una pena tan grande que te aflora en la música», explicaba Peña. Estos gitanos de Sevilla y Cádiz (donde primero se empezaron a tocar las farrucas y las demás derivaciones flamencas) habían sido expulsados de India, Persia y Grecia, y al llegar a la Península Ibérica se encontraron con una nueva emigración por la Reconquista. La diferencia, en este caso, fue que cuando algunos de ellos se marcharon de Andalucía otros se quedaron para recibir a los gallegos, a sus instrumentos y a sus compases.