Bisbal y Chenoa superan sus miedos y convencen a todos en «Operación triunfo»

S.C. A CORUÑA

TELEVISIÓN

Carlos Lozano anunció ayer que en verano comenzará el casting de la segunda edición del concurso El objetivo es el 25 de mayo. Será el día E, de Eurovisión y de Estonia, donde se celebrará la gala. Ayer quedó claro que los mejores han aprendido mucho y arriesgan para poder triunfar. Bisbal y Chenoa lo hicieron y se despegaron del resto sin ningún problema. El dúo Manu-Rosa no fue tan bueno como se esperaba y los demás quedaron en la cuneta. Ahora todo parece claro porque el programa empieza su recta final, aunque Carlos Lozano anunció ayer que en verano comenzará el casting, es decir, la elección de participantes, para la segunda edición del programa. Por lo demás, ayer se dijo adiós a Álex y acudió Tamara.

14 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

David Bisbal anoche bordó con inteligencia nada menos que Y ¿si fuera ella?, de Alejandro Sanz. Rebuscó en su interior y ofreció una versión distinta que interpretó bien y con pasión. Además, apenas se movió. Sólo falta que alguien le cambie el pelo y que cierre las piernas en el escenario. Otra que arrasó fue Chenoa. Siguió el consejo de Nina y se arriesgó. Interpretó con arrebato Last dance y, si no fuese por el traje que le pusieron -nada apropiado a su figura- habría conseguido un diez en todo. Después de ellos, poco hay que decir de Gisela y David Bustamente, que hicieron de Refugio de amor una canción vulgar, ordinaria y de verbena de pueblo remoto. Y de Verónica, que literalmente destrozó Take my breath away; incluso es posible que no acertase en una sola nota, aunque su inglés cantado es muy creíble. Nuria Fergó entonó Acuarela con un aire andaluz muy agradable, pero no comparable con Chenoa, Bisbal y compañía. Los últimos en actuar fueron Manu y Rosa con un clásico, Somos novios. Sin duda él estuvo mejor que ella, que una vez más fue correcta pero no se creyó la canción. Álex y Naím En cuanto a los nominados para abandonar la academia, tanto Álex como Naím justificaron sobre el escenario el por qué fueron elegidos. El primero cantó con su habitual desacierto Cuando acaba el placer, aunque tuvo un cariñoso detalle antes de su actuación, al dedicársela a Rosa (que estaba de cumpleaños ayer) y a Verónica, quien le recomendó elegir esa pieza para la gala. Después le tocó el turno a Naím, que bailó más que cantó Superstition, y que en el resumen habitual antes de la actuación demostró esa pizca de chulería que, según alguno de sus profesores, parece estar pensada para hacer desmayar a las quinceañeras.