M.A. FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE / EL PACTO DE LOS LOBOS La búsqueda de la originalidad en un territorio tan trillado como el cine resulta un riesgo cuando se carece de talento y se recurre a la batidora. Un poco de aventuras, otro poco de terror, unas gotas de artes marciales, una pizca de terror gótico y un gratinado de modernidad visual. Eso es «El pacto de los lobos».
26 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La película arrasó en Francia y aquí pongamos que cae simpático a la taquilla. Ahora bien, a Christophe Gans le queda mucho pedal para hacer podium. Una cosa es ser director de cine y otra un aplicado pegasecuencias. Si el cine consiste en producir para la taquilla bajo la coartada de hacer algo distinto a lo que satura las pantallas, entonces El pacto de los lobos es un pleno al quince. Pero si consiste en apropiarse de otros géneros para aplicarle supergen y evitar que se desmorone porque no logra estabilizarse por si mismo, entonces es fraude. Gans mira hacia el fantástico y coge un poco de aquí y otro poco de allí para servir un producto de apariencia visual sólida, ritmo vertiginoso y guión repleto de elementos capaces de hinoptizarte en la butaca si acudes al cine a quemar un par de horas largas. Superados los quince prometedores minutos iniciales, el castillo comienza a tambalearse con personajes de guiñol a excepción del encarnado por Jean Yanne o por Monica Bellucci, sin duda lo mejor de un mosaico que incluye a un personaje central que va de la mesura al exceso, de la clarividencia a la obcecación y que no acabamos de tragarnos que pierda la cabeza tan fácilmente por Marianne de Morangias, como fugada de un internado de monjas y con un rostro casi bobo. Lo normal es que Gregoire de Fronsac derrita su corazón por la magnética e intrigante Sylvia (la Bellucci). Casting irregular, guión esquematizado, personajes despistados, aunque eso sí, el público se divierte y no siente que le hayan birlado 140 duros. Algo no funciona en el cine francés si esta película es un taquillazo junto a Amelie, con más cine, más chispa, más genio y más todo que esta jugada de ventajista.