UXÍA BLANCO OPINIÓN
29 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Humano sobre todas las cosas, actor hasta la víscera, vividor en el sentido más hermosos de la palabra, sorbiendo la vida a borbotones. Amante de la buena mesa y del verso que recitaba a corazón abierto. Emocionado y preocupado estudiando como un niño, inglés y gallego, para su último gran papel en el cine: Dagon, del director Stuart Gordon, en Galicia (Combarro). Paco, me impresionó tu miedo ante una secuencia muy fuerte: tenían que quitarte la piel a tiras mientras entonabas una plegaria, y un mes antes ya me hablabas de ese miedo. Lluvia No temías, en cambiio, a la lluvia constante día y noche sobre tu helado y dolorido cuerpo -exigencias del guión- en los meses más duros del invierno gallego. Allí, bajo un hórreo, en cuclillas y mojado, aguantabas horas y horas repitiendo las secuencias una y otra vez sin una palabra de protesta. Profesionalidad Tu profesionalidad, Paco, con esa vitalidad y ese punto de miedo, aliciente del principante, que tú mantienes intacto y que intuyo, forma parte de la grandeza y la frescura de tus personajes; cada uno el primer, cada uno el único. Y me ha gustado escuchar a tu querida e inseparable Asunción: «Paco estaba muy bien, sólo fumaba mucho, no sé lo que pudo pasar». Pues eso, que estés muy bien, y que volvamos a reírnos con aquello de «Ondiñas veñen» que tanto te gustaba. ¡Venga, una vez más! «Ondiñas ven, ondiñas veñen e van, non te vaias...».