«¿De quién vas vestida?»

LUIS A. NEMOLATO. Colpisa MADRID

TELEVISIÓN

Los modelos de la diseñadora Sybilla protagonizaron una gala con más glamour que la del año pasado «¡Qué gracia! Esto cada día se parece más a los Oscar», fue la primera frase que pronunció Alex de la Iglesia ante el maremagnum de flashes en la antesala a los Premios Goya, una fiesta en toda regla en la que el diamantazo prestado convirtió Madrid en una sucursal de Hollywood. Pieles, lentejuelas, escotes vertiginosos, mucha cirugía estética y, sobre todo, un nombre, Sybilla. «¿De quién vas vestida? De Sybilla, por su puesto...». Fue la letanía de una noche para recordar, una velada en la que, por un momento, parecía que se iba a convertir en una especie de librillo -de celuloide, claro- tipo «¿Dónde está Wally?».

04 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Marisa Paredes, al final, llegó al recinto del Parque Juan Carlos I, y decimos al final, arropada con un «¡Haaaaaala!» laudatorio general. «Qué guapa está la Paredes», se comentaba entre la vorágine agolpada gracias a la «magnífica actuación» de los guardas de seguridad. De su mano llegó también la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, «de Sybilla, por supuesto» y morado, con lazo anudado en la cintura. Un vestido, por cierto, tremendamente parecido al que lució Cayetana Guillén Cuervo hace dos años cuando era candidata por El abuelo, de José Luis Garci, otrora pareja de la actriz. Y hablando de Garci, candidato al mejor director por You''re the one. Nadie lo vio. Ni siquiera sus actores sabían dónde podría encontrarse o, por lo menos, eso parecía dadas sus declaraciones. «Ah, ¿pero es que no ha venido?», dijeron Lydia Bosch, de naranja azafrán y guipur con estola caldero de encaje y piel, y Ana Fernández, increíble, con un traje asimétrico de dos piezas firmado por Jesús del Pozo en tonos de verde simulando la corola de una rosa, la misma que llevaba entre sus manos con toque lánguido. La gran diva Julia Gutiérrez Caba, como una gran diva de sabor Dietrich o Garbo con camisa masculina de cuello y puños duros y falda negra, quiso hablar de cine, de actuaciones... Pronto le apagaron los micrófonos. Carmen Maura, pletórica y con más pedrería -azabaches- que una gravera, no estaba nerviosa, pero, decía que le había surgido una duda. «Tengo dos Goyas, un tercero..., ya no sé dónde ponerlo». Pero también menudo escote el de Sara Montiel, una manchega de pro que pese a su espectacularidad con mayúsculas no hizo olvidar la ausencia de otro gran manchego, Pedro Almodóvar, gran vencedor de la edición pasada. O menuda vista dejaba ver el traje vaporoso en rosa chicle de Amparo Muñoz, a la que se puede decir que iba igual que cuando vino al mundo. O el azul y oro torero y versacesco de Ana García Obregón.