La informática se pone como reto humanizar las máquinas

Los ordenadores ya reconocen las emociones y crean poemas

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Santiago / La Voz

La distopía que plantea Black Mirror ya está aquí, pero quizás el resultado no sea tan catastrófico como el que transmite la serie que reflexiona sobre cómo la tecnología afecta a nuestras vidas. Al menos en ese objetivo, en el de poner las posibilidades de las máquinas al servicio del hombre, trabajan los ingenieros que investigan sobre inteligencia artificial y, en concreto, sobre cómo trasladar a los ordenadores el lenguaje natural, una evidencia que se plasma en el abismo que hay entre los antiguos mensajes automáticos de las máquinas y la locuacidad de dispositivos de última generación como Siri.

El equipo de investigadores del Centro Singular de Investigación en Tecnoloxías da Información de la Universidade de Santiago (Citius) reconoce que el reto que se plantean es humanizar los ordenadores. «Hemos pasado de una máquina fría que solamente hace cálculos a los pasos que damos en la actualidad para introducir en ellas sentimientos y emociones; el objetivo es humanizar las máquinas porque son asistentes de personas», subraya José María Alonso. «El reto es dotar a esas aplicaciones de características humanas, que la forma de interactuar sea cada vez más natural, sin teclados, como se relacionan las personas entre sí», puntualiza Alberto Bugarín.

Los dos investigadores de la USC forman parte del equipo organizador del congreso internacional de lenguaje natural (INLG) que esta semana se celebró en Santiago con la presencia de eminencias mundiales en ese campo como el profesor Ehud Reiter, pionero en el estudio del lenguaje artificial y catedrático de Lingüística Computacional en la Universidad de Aberdeen (Escocia). Es precisamente la estrecha relación que ese equipo tiene con el del Citius de Compostela lo que facilitó que un centenar de expertos en inteligencia artificial se reuniesen en un congreso mundial que se celebró por primera vez en Galicia.

En el encuentro se dieron a conocer habilidades con las que todavía se explora pero que ya están ahí, como los logros alcanzados por investigadores del País Vasco que programaron máquinas que componen poemas, «rudimentarios, pero poemas», indica Bugarín.

Los ordenadores ya son capaces de pensar -pueden discernir y elegir entre la información que tienen- y en un futuro próximo incorporarán sentimientos y emociones. Hacia esa meta camina también una investigadora de la Universidad Pompeu Fabra, Gemma Boleda, ganadora de una starting grant que le permitirá desarrollar un proyecto que tiene como objetivo aplicar la semántica a la informática para que asistentes como Siri puedan entender e interpretar el mundo real. «Que si yo le pregunto si debo torcer antes o después de un árbol que tengo delante, sepa reconocerlo a través de una cámara», explica. Y eso es ciencia, pero no ficción.

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