La tendencia a conservar alguna cosa o situación determinada, especialmente el medio ambiente, y hacer que algo se mantenga en buen estado, guardándolo en determinadas condiciones o haciendo lo necesario para que así sea, se denomina conservacionismo. Uno de los principales valores contemporáneos más inculcados a las noveles generaciones es el respeto y cuidado del medio ambiente y sus pobladores. Es ético y moralmente correcto inducir la presunción de que la «pesca sin muerte» es inocua para los salmónidos sometidos a su acción y tildarla de conservacionista, muchos afirmaran rotundamente «sí». Por lo tanto, ¿causar dolor, sufrimientos o daños a un ser vivo sin una buena razón justificada está bien? La respuesta es evidente y clara: ¡no! ¿Verdad?
Ese es el razonamiento oportunista que promueven determinadas personas, asociaciones y movimientos autodenominados como pescadores-conservacionistas, sobreentendiendo de tal apelativo que su disfrute personal prevalece sobre la integridad y el bienestar de los peces. Incluso, parece lícito faltar a la verdad cuando intereses particulares se enmascaran tras el conservacionismo, empapados en un discurso lleno de falsedad. La pesca, en cualquiera de sus variantes, se define como la actividad que se realiza para extraer peces. Ningún evento deportivo o recreativo se debe encasillar como conservacionista. Implantar su actividad a modo de imposición pretendiendo dilapidar parte de nuestra cultura y prohibir el ejercicio de la pesca a una mayoría silenciosa, en detrimento de una dudosa conservación, denota la falta de imparcialidad de nuestros gestores y evidencia que la toma de decisiones carece de ética, moralidad e, incluso, supuestamente de legalidad. Su discurso deslocaliza y desvía la atención del fondo de los problemas, postrando al colectivo a un debate cansino. Avivado, por falsos eco-pescadores con una hoja de ruta preconcebida para cargar la culpa de la mayoría de los males a hombros de la pesca extractiva. Enjuiciando, culpando e induciendo a que la sociedad más desconocedora en la materia criminalice la modalidad tradicional amparándose en la complicidad de nuestras administraciones.
Por si queremos compararnos con otros países, incorporo las palabras del director del Centro de Investigación Acuática Sostenible de la Universidad de Swansea, Escocia, David McCann: «¿Cómo podemos contemplar un plan donde capturamos peces simplemente por diversión y volvemos a ponerlos en el río con la esperanza de que sobrevivan? Por supuesto que sufren daños por ello. La captura y suelta es, tal vez, una manera cínica de afirmar que tiene un efecto intrascendente y permite a los pescadores practicarla, ya que los peces son liberados y pueden ser capturados nuevamente».