La casa da cultura de Vilagarcía desempolva los secretos de la explotación del océano y los recursos marineros para los neófitos amantes del pescado
21 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Saber y no saber Un amiguete madrileño halagaba el otro día el carácter fuertemente religoso de nosotros, los gallegos. Lo que me decía me sonaba a choteo: «Caramba, esto de traerse a los muertos a casa y enterrarlos en pleno jardín es cosa seria». Sorprendida, miré en la dirección que me señalaba. ¡Era un hórreo! La cruz que remata el frontal despistaba al habitante de la capital, que pensaba en nuestros graneros como en inmensas urnas funerarias. ¿Que qué tiene esto que ver con la pesca? Vaya, pues viene a demostrar que la ignorancia sobre las cuestiones importantes suele ser habitual en nuestros tiempos. Y la pesca no es ninguna excepción. Menear el bigote A una, que le gusta el pescado, tampoco se le escapan ciertos comentarios a la mesa. «Oye, está rico esto, ¿dónde dices que se cría?», me comentaba esta semana una amiga mientras deglutía una sabrosísima robaliza. «Hija, se cría con caña, anzuelo y mucho arte», le respondí a la incauta. Claro, menear el bigote -en nuestro caso, los labios, vaya- es fácil. Otra cosa es echar la lengua a andar sin saber muy bien por donde se pisa. El remedio Es por eso que la exposición que cuelga de las paredes de la casa da cultura de Vilagarcía resulta tan interesante. Todos los despistados -entre los que me incluyo, a pesar de ciertas nociones que no me son ajenas- pueden remediar sus carencias sobre el noble arte de la pesca con una simple y didáctica visita. Aquí hay de todo, desde conservas hasta aparejos, desde descripciones del Atlántico Norte a una visión del azul Mediterráneo. Y después, a cenar. Pescado.