El antiguo ayuntamiento ofrece un amplio muestrario de elementos patrimoniales de gran valor
26 ene 2026 . Actualizado a las 00:37 h.Gerardo Sacau, en su libro Vigo nalgúns dos seus topónimos, aludía a estudios del profesor Elixio Rivas para señalar que el topónimo Bouza es uno de los grados evolutivos de la palabra balsa, de probable origen ibérico, que quiere decir sitio lleno de fango. Partiendo de balsa, señalaba el que fuera director del Instituto de Estudios Vigueses, que se produjo un continuo cambio hacia Bouza. Añadía que en los documentos de la Edad Media se registraba el nombre como Boças. Según Gerardo Sacau los dos matices semánticos que aparecen conjugados en el topónimo Bouza son «terreno bajo e inculto» y «agua». Hay alguna otra teoría sobre el origen de este nombre. Sea esta u otra la explicación del nombre, en Bouzas tiene historia e identidad propias. Fue municipio independiente hasta en 1904 y su extensión administrativa abarcaba mucho más territorio del que tiene en la actualidad. De hecho, en la división actual que realiza el Concello de Vigo se incluye a Bouzas dentro de la zona centro.
Desde la Baja Edad Media, la localidad quedó incluida en la jurisdicción del obispo de Tui, que nombraba a los jueces, situación que mantuvo hasta la caída del Antiguo Régimen. Desde mediados del siglo XVI es denominada como villa.
Esa larga historia queda reflejada en su variado patrimonio. Entre la curva de San Gregorio y el actual puente de la VG-20, y desde el mar hasta el cementerio, lindante con Coia, Bouzas ofrece un variado recorrido patrimonial. El templo parroquial está dedicado al arcángel San Miguel. Es un edificio construido a mediados del siglo XVI, que experimentó notables cambios en los siglos posteriores debido a diferentes avatares históricos.
Muchos siglos antes, Bouzas, como el resto de la costa de la ría, acogió la cultura latina, tal como se deduce de la localización de restos de ánforas en la calle Alfolíes, hoy en día custodiados en el Museo Quiñones de León. Todo el entorno del nucleo histórico está catalogado como yacimiento y es susceptible de prospecciones arqueológicas.
Junto a la iglesia se sitúa la antigua rectoral, un edificio del año 1946, de estilo regionalista, proyectado por el arquitecto Enrique Álvarez Sala. Hoy en día, se ofrece como alojamiento turístico. Relacionado con la religión, Bouzas posee uno de los cruceiros más hermosos de todo el municipio. Es el conocido como Cruceiro vello, datado en el año 1802 aunque de tradición barroca, que mandó hacer María Antonia Troncoso en memoria de su esposo. El Concello de Vigo también tiene en su catálogo etnográfico el cruceiro del cementerio. Se explica en él que es una reconstrucción de otro más antiguo.
En la calle Ferreiros se encuentra otro edificio histórico. Se trata de la Casa de Lira, que tiene anexa una capilla. El conjunto se levantó a mediados del siglo XVII. Otro edificio importante es la casa del patín, recientemente rehabilitada con disparidad de opiniones respecto al resultado final. A sus muros llegaba el mar.
Porque Bouzas es marinera de origen, a pesar de que los rellenos le robaron parte de sus aguas, peña Ardán incluida. Allí, a principios de siglo había numerosos pesqueros que recorrían diversas partes del Atlántico. Los armadores se agrupaban en la sociedad La Marítima, mientras que los marineros se afiliaban a los sindicatos de entonces, por un lado los socialistas y, por el otro, los anarquistas. Las relaciones entre la patronal y sus asalariados echaron chispas en muchas ocasiones. Aunque ese mar se fue alejando, las tradiciones permanecen en la villa. Uno de los pantalanes, situado junto a la playa de O Adro, acoge varios tipos de embarcaciones tradicionales pertenecientes a la Asociación de Mariñeiros Artesanais e Deportivos de Bouzas. Allí se pueden ver dornas, faluchos, bucetas o racús. Y los peces que buscaron los marineros desde esas embarcaciones tienen su recuerdo en el paseo del relleno de la Zona Franca. Es un conjunto de bronces realizados por el vigués José Molares.
Más antiguo es el busto dedicado a José Casás Comesaña que realizó en los años treinta para homenajear al solidario médico. Otro monumento, realizado por el gran escultor gallego Asorey, recuerda al ingeniero del puerto Eduardo Cabello, en cuya plaza se levanta la pérgola diseñada por Jenaro de la Fuente Álvarez para la plaza de Portugal, aunque años después se trasladó a Bouzas.
En el 2003, el escultor Buciños imaginó una reunión de alta literatura. En la plaza del Encuentro se sitúan las estatuas de Valle-Inclán, Otero Pedrayo, José Saramago y Álvaro Cunqueiro. Casi nada.
Asimismo, el nombre de la calle Alfolíes recuerda que en la villa hubo un almacén de sal. De hecho, la primera huelga documentada en la comarca de Vigo fue protagonizada en 1799 por los habitantes de Bouzas y Fragoso que se negaron a descargar la sal que tendrían que almacenar en el alfolí boucense.
Manuel Gómez Román dejó varios edificios en la parroquia. El más famoso es el que acogió la fábrica de conservas Alfageme. También firmó el situado en la esquina entre Pescadores y la alameda, así como un chalé ya situado en el tramo final de Tomás A. Alonso, cuando el arquitecto vigués se había entregado al estilo regionalista. El propio Francisco Castro Represas diseñó un edificio al comienzo de la calle Pescadores. Y justo al lado, se alza la plaza de abastos, que en noviembre alcanzará los cien años. Aunque fue proyectado por Jenaro de la Fuente Domínguez mucho antes de su construcción, experimentó cambios ya una vez fallecido el arquitecto. Para completar el recorrido, aunque se podrían añadir otros ejemplos, la alameda de Suárez Llanos tiene un palco de la música de buena factura que fue levantado a principios del siglo pasado