La flota se moviliza en Cambados: «Dan ganas de tirar con todo e que vaian os políticos ao mar»
SOMOS MAR
Cientos de armadores se dieron cita este mediodía en la lonja de Tragove para mostrar su oposición a la entrada en vigor del reglamento de control de la pesca, una norma que ahora afecta a las embarcaciones de más de doce metros, pero que acabará alcanzando hasta al marisqueo a pie: «Se o aplicasen a todos, hoxe temblaría a terra»
12 ene 2026 . Actualizado a las 16:43 h.En la ría de Arousa existe una vieja rivalidad entre O Grove y Cambados. Por eso, cuando este lunes un amplio grupo de armadores mecos entraron en la lonja cambadesa, el vicepatrón mayor, Antonio Otero, exclamó con una sonrisa irónica: «Xa ten que ser grave a cousa para que os do Grove e os de Cambados nos xuntemos». Y grave es. La entrada en vigor del reglamento de control de la pesca en barcos de a partir de doce metros ha colocado contra las cuerdas a buena parte del sector de artes menores de Galicia, como demostraban los varios centenares de personas llegados de distintos puertos, de distintas rías. Todos habían acudido a una protesta con la que pretenden conseguir que el Gobierno conceda una moratoria que evite la entrada en vigor de la nueva normativa -de aplicación desde hoy mismo- y la apertura de una negociación para eliminar aquellas cuestiones que hacen que para el sector este reglamento resulte «inasumible». La concentración servía, además, como precalentamiento para el encuentro que esta tarde mantendrá la Federación Nacional de Cofradías, con cuyo desempeño en este asunto no todo el sector gallego se ha mostrado conforme.
En Cambados, el presidente de la Federación Provincial de Confrarías, José Manuel Rosas, expresaba su deseo de que «de aquí ás seis da tarde, o Goberno teña entrado en razón e decida non aplicar a norma ata a reunión que temos prevista para o día 22». «Pero, visto lo visto, tampouco temos moitas esperanzas; se o que están buscando é cansar a xente, que a flota desapareza con coste cero, van polo bo camiño», señalaba el que también es patrón mayor de Bueu. Recalcaba, y como él el resto de representantes de cofradías que acudieron a la cita, que el problema que hoy afecta a las embarcaciones de más de doce metros acabará llegando a toda la flota: «Fraccionáronnos para que costase máis traballo ver a dimensión do problema. Se o aplicaran a toda a flota hoxe, estaría a temblar a terra», señala Rosas, que hizo un llamamiento a la unidad de todo el sector ante una amenaza que a la vuelta de unos años alcanzará incluso al sector del marisqueo a pie, según establece el cronograma de la UE. «Teño un compañeiro que dicía que lle ía cortar un cacho ao barco e acababa co problema; pero xa lle dixen que non lle valía a pena, que para o 2028 xa lle tocaba igual», comentaba Benito Iglesias, ex patrón mayor de Cambados.
Los problemas que la aplicación del nuevo reglamento son muchos, según apunta el sector. En la lista figura, en un lugar destacado, la obligatoriedad de identificar cada lote de pescado que se suba a bordo para asegurar la trazabilidad, registrando tanto peso como lugar de captura. Puede que, a simple vista, no parezca complicado. Pero José Benito Piñeiro, un armador de Cambados, pone el asunto en contexto. En primer lugar, dice, «eu saquei os títulos todos que me fixeron falta para andar ao mar no meu barco, pero nunca na vida andiven cun ordenador». Adentrarse de repente en ese mundo implica errores. «E cada erro son tres mil euros de multa», según recuerda el armador cambadés. Pero hay más problemas: en los barcos de artes menores como el suyo, la tripulación es escasa. «Eu son patrón, pero primeiro de todo son mariñeiro. Traballo coas mans molladas... Non podo atender a todo á vez», dice, y se lamenta que las autoridades responsables hayan unificado bajo una misma exigencia a grandes barcos de arrastre con embarcaciones como la suya que faenan «por fóra do porto», a apenas unos minutos de tierra.
Ese es otro de los problemas que percibe el sector en este reglamento: que aumenta los riesgos para la flota. En primer lugar, explica José Ramón González, tripulante del Dulce Nombre, porque «eu son tripulante, teño que estar pendiente do que teño que estar, e o patrón cando vai na ponte ten que estar pendente das pedras, das bateas... Hai moitos obstáculos no mar, que queren, que afoguemos?». Ciertamente, las distracciones ocasionadas por los excesos burocráticos que se han introducido a bordo son la causa de un buen número de accidentes. Pero también hace aumentar la peligrosidad y la penosidad del trabajo en el mar la obligatoriedad de dejar pasar dos horas y media (según se acordó en su día, aunque la letra del reglamento sigue hablando de cuatro) para entrar a puerto. «Falamos de barcos que en moitos casos están a minutos de terra. Que teñen, que esperar dúas horas aí fora, nun día coma o de hoxe?», preguntaba Alejandro Pérez, el patrón mayor de Cambados. Mientras hablaba, en el exterior de la lonja de Cambados el viento azotaba con fuerza todo aquello con lo que se cruzaba.
«Esta normativa non se fixo pensando na pesca do día», señala el patrón mayor de A Illa, Juan Rial Millán. Asume este representante del sector que la pesca tiene que estar controlada, pero utilizando fórmulas que apliquen esa vieja máxima del «sentidiño». Y eso es algo que los armadores echan en falta: «Hai xente que non vai ir ao mar porque non saben nin como abrir o ordenador. A min pásame o mesmo. O meu barco aínda non é afectado desta, pero eu xa non dou collido o sono de noite. Danme ganas de tirar con todo... e que vaian os políticos ao mar», dice de nuevo José Benito Piñeiro. Y en sus ojos, y en su voz, resuena la rabia de todo un sector.