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La flota gallega parte para Malvinas con un alza del 61 % en el combustible

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO / LA VOZ

SOMOS MAR

M.MORALEJO

Los estrictos controles sanitarios hacen que los buques zarpen escalonados

13 ene 2022 . Actualizado a las 04:46 h.

La flota de buques de altura de Vigo y Marín ha comenzado a zarpar hacia las islas Malvinas para iniciar la temporada de pesca del calamar. La pandemia de covid ha provocado confinamientos entre los tripulantes de estos buques, muchos de los cuales permanecen aún en los hoteles esperando el momento de la partida. No obstante, hay barcos, como alguno de la armadora Rampesca, que ya partió el día 8, y hoy lo hará un buque de Hermanos Touza. El grueso de la flota iniciará la singladura la próxima semana. La mayoría de los congeladores navegarán de forma agrupada para darse apoyo unos a otros en caso de que surgiese algún imprevisto y fuese necesario ayudar.

Las empresas armadoras están extremando los controles sanitarios con pruebas PCR y de antígenos antes de que los marineros suban a bordo. Además, se han puesto vacunas de refuerzo a todos los tripulantes de los 16 barcos que forman la flota de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi). El presidente de la entidad, Javier Touza, pone de relieve los estrictos protocolos que se siguen para evitar contagios y que haya una persona que pueda transmitir la enfermedad a bordo. El sector pesquero siempre ha sido esencial durante la pandemia y las bajas han salpicado al trabajo de la flota.

En el caso de las Malvinas, trabajan más de 900 tripulantes directamente, cada uno de los cuales genera entre cuatro y cinco puestos de trabajo en tierra. Cada barco puede llevar entre 45 y 65 personas a bordo, dependiendo del tamaño.

Javier Touza pone de relieve que la nueva temporada de pesca del calamar se presenta con buenas expectativas de capturas, pero en un momento de enorme carestía del combustible «Ha subido un 61% en un año», señala el presidente de un colectivo que tiene que hacer frente a una enorme alza de costes. Un barco congelador de altura tiene que cubrir una distancia de 10.000 kilómetros hasta el caladero y luego llevar a cabo la campaña de pesca, que empieza en febrero. La travesía lleva aproximadamente un mes y la temporada de la primera campaña de pesca finaliza el 30 de abril. Cada día de trabajo supone un consumo medio entre 11.000 y 13.000 litros de gasoil, dependiendo de la eficiencia del buque, de la potencia de sus motores, etcétera. «A día de hoy, el precio del diésel en Vigo está a 0,56 euros el litro, pero después hay que ver el precio del combustible en Montevideo y en las Malvinas. «Estamos preocupados por el encarecimiento del gasoil, de los aceites, de los lubricantes, de los plásticos...» señala Touza. «Si a esto le añades el de los transbordos, los contenedores refrigerados y el de los frigoríficos por la subida de la electricidad, puede verse que tenemos un incremento de costes brutal». Al menos, el precio de las licencias no ha subido.

Los armadores esperan que este año se pueda repetir el éxito del año pasado, cuando se cerró la segunda mejor temporada de la historia con unas capturas del calamar de Malvinas de 95.620 toneladas, solo superadas por las 98.409 del año 1995. «Esperamos pescar en este primer tramo de la campaña anual unas 50.000 toneladas», confía Touza.

El acuerdo con las islas Malvinas está vigente hasta el 2030 lo que da tranquilidad a la flota gallega.

La UE elimina aranceles al calamar que la flota de capital gallego pesca en Malvinas

e. abuín

Podría decirse que Malvinas reserva su calamar patagónico (Loligo gahi) para Galicia. Aunque no de bandera -llevan la de las islas británicas-, son gallegos de capital los 16 barcos pesqueros con base en Vigo y Marín que acaparan las licencias que el Gobierno malvino otorga para explotar este cefalópodo y que le reporta un 60 % de los ingresos del país. Unos réditos que vieron peligrar tras el brexit, dado que el acuerdo de cooperación entre Londres y Bruselas dejó al margen del pacto a los territorios de ultramar y, por tanto, los armadores gallegos, que destinan a la industria comunitaria el cien por cien de sus capturas, se vieron obligados a satisfacer aranceles del 8 % para el calamar, el 6 % para la pota y el 15 % para la merluza, productos que antes del divorcio mandaban a Europa sin carga alguna.

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