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El fantasma de la moto de agua

Antón lois AMIGOS DA TERRA VIGO@TIERRA.ORG

SOMOS MAR

PATRICIA REY

El uso indiscriminado de estas embarcaciones en espacios protegidos, como Cíes o San Simón, tiene graves consecuencias

07 sep 2021 . Actualizado a las 09:26 h.

Por ser tristemente frecuente que hablemos de las especies en peligro de extinción, a veces olvidamos el extremo opuesto, que también implica un serio problema: las especies en peligro de expansión. Hoy queremos presentarles un ejemplo de una de estas especies cuyo aumento amenaza el equilibrio ecológico. A falta de una catalogación taxonómica oficial su nombre científico podría ser Homo Pseudosapiens Motolitoralis. Quizás les resulta más sencillo identificarlo por su nombre común: el fantasma de la moto acuática. Vamos con su descripción, hábitat, biología y ecología.

Nuestra especie tiene una marcada característica de descompensación sexual, es casi siempre macho, y mucho. Se establece una simbiosis cognitiva compensatoria entre vehículo y persona, de forma que generalmente a mayor cilindrada de la moto, menor número de neuronas del piloto, alcanzando un equilibrio funcional: la moto pone la potencia y el conductor los pulgares oponibles necesarios para girar el acelerador. Ni una ni otro ponen sentido común.

Se trata de una especie fundamentalmente estival (permanecen aletargados el resto del año) que muestra una especial actividad los fines de semana soleados. Su hábitat natural son los espacios marinos litorales playeros y algunos cursos fluviales. En nuestro entorno abundan, por ejemplo, en la ensenada de San Simón y curso bajo del río Verdugo, aunque como especie invasora, su presencia puede ser detectada en cualquier zona marítima costera preferentemente si cumple un requisito por el que nuestra especie siente una especial atracción: que pueda tener gente mirando, especialmente observadoras femeninas, de ahí su gusto por las playas.

Esta querencia por el público femenino tiene que ver con su ritual de apareamiento que tiene como objetivo conseguir que alguna chica se suba a la moto con él (ya comentamos lo de la descompensación sexual) y que exhibe en forma de pasadas a toda pastilla -«Menos de 40 nudos es de mariquitas»- carreras trompos, etc, lo más cerca posible de la costa buscando la admiración popular. Nuestra especie tiene, no obstante, una disfuncionalidad cognitiva congénita, que se manifiesta en pensar, a bordo de su moto: «las chicas están flipando conmigo, me miran admiradas y me hacen gestos para que siga demostrando mis habilidades… voy a hacer otra pasada rasante por la playa a toda pastilla». En realidad desde la playa la gente piensa: «a ver si se parte la crisma ese imbécil. No se entera que le estamos gritando y haciendo gestos para que se largue de aquí. Casi se lleva a un bañista por delante».

Rara vez consigue aparearse, lo que se traduce en un incremento de testosterona exponencial a la exhibición. Su escaso éxito reproductivo le aboca a la consanguinidad y la consiguiente degeneración de la especie. Su comportamiento es muy territorial y busca espantar a la competencia, como piragüistas, nadadores, aves marinas, cetáceos etc. a los que acosa para expulsarlos de su territorio. Aunque suelen ser ejemplares solitarios es frecuente observarlos también en pequeñas manadas de dos o tres individuos.

Su sistema digestivo no tolera bien los sólidos, por lo que su alimentación es básicamente líquida y consiste fundamentalmente en bebidas energéticas y alguna que otra cervecita y su plumaje estival suele ser muy colorido. Acostumbra a nidificar en puertos deportivos.

Esperamos que comprendan que evidentemente esta caricatura no representa ni pretende generalizar al colectivo de personas, la mayoría sin duda, que con sentido común, respeto por las normas y educación cívica utilizan las motos acuáticas. No se den por aludidas. El problema es esa minoría que encaja en nuestra descripción y que, incluso en plena zona Red Natura 2000 como San Simón, o en las Cíes, se comportan así y, seguramente sin ser siquiera conscientes, o sin que les importe, provocan con sus ilegalidades un gran impacto ambiental. Porque sí que tienen un gran impacto ambiental.