¿Prefieren 90 horas en Goldman Sachs o una marea en el Gran Sol?

«Quizás algún día a los políticos les escandalicen cuántas horas trabajan marineros, patrones, engrasadores o jefes de máquinas. Tanto los que navegan en España, como aquellos que están a miles de kilómetros de casa durante meses»


Robert Kiyosaki popularizó el concepto de «la carrera de la rata», pero el que mejor lo explicó fue Steve Cutts en su corto Happiness. Ahí afirma que vivimos como roedores, corriendo en una rueda imaginaria sin poner nada en duda: estudiamos, trabajamos, consumimos y nos endeudamos para consumir más. Disfrutaremos de la vida cuando nos jubilemos. Si es que podemos.

En el vídeo, una de las ratas se compra un reluciente descapotable para reflejar su éxito económico. Pero no se libra de los atascos ni de la lluvia. En eso es como el resto de ratas que se desplazan en vehículos de segunda mano. A pesar de trabajar en una gran empresa, termina abrumada y sumida en el alcohol y el Prozac

Recordé esa historia mientras leía las noticias sobre las condiciones laborales de varios empleados de Goldman Sachs, que denunciaban que trabajaban 90 horas a la semana. Los que dicen saber cómo funciona la banca de inversión consideran que ese es el precio a pagar por trabajar en una de las grandes compañías del mundo. ¿Por qué aguantan? Eso nos lo explica la «carrera de la rata», el ansia del estatus y los sueldos: desde 60.000 euros de un chaval de prácticas, a los más de 300.000 de los veteranos. Sin contar los bonus, claro. Incluso el saliente vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, criticó las condiciones laborales de los «pobres» banqueros de Goldman.

Quizás algún día a los políticos también les escandalicen cuántas horas trabajan marineros, patrones, engrasadores o jefes de máquina. Tanto los que navegan en España y Galicia, como aquellos que están a miles de kilómetros de sus casas durante meses. Sin saber si pescarán o lo que cobrarán al final de la marea. Pero ellos no salen en el Financial Times y no preocupan a nuestros políticos. Bueno, sí. Como no es suficiente batalla navegar en el Gran Sol, ahora tendrán que instalar cámaras de vídeo en cubierta para poder ser controlados. Puro Gran Hermano. Ojalá lo hicieran también en la Moncloa y en algún ministerio. Para ver qué pasa allí dentro. O por lo menos para controlar si sus señorías no faltan a trabajar.

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