¡Qué de bichos raros!

La Consellería do Mar recurre a los ciudadanos para tomar la temperatura al cambio climático y monta una red para recopilar y documentar los hallazgos de especies raras


redacción / la voz

Un cambio climático, acompañado de un calentamiento global, no llega de repente. El actual lleva años lanzando señales. Indicios que unos han tardado más que otros en captarlos, pero finalmente, estas evidencias son de tal envergadura que ya no dejan cabida a negacionistas. Menos vientos del norte, fenómenos atmosféricos más intensos y frecuentes, subida de la temperatura del agua del mar, y de paso su nivel, alteraciones en los ciclos de las cosechas, extrañas criaturas en los caladeros... Sí, muchos bichos raros en el mar.

Muchas de esas incursiones de especies de otras latitudes las conoce Rafael Bañón, biólogo de la Dirección Xeral de Investigación e Apoio Científico-Técnico de la Consellería do Mar, que lleva más de 20 años documentando científicamente avistamientos. Propios y ajenos. Hallazgos que fue catalogando primero como parte de su cometido laboral pero que pronto trascendieron ese plano para convertirse casi en una afición. «Cada vez que alguén topaba cunha especie rara e llo comunicaba ao CSIC ou a o IEO, decíanlle ‘chama a Rafa', e avisábanme». Así, con ese boca a boca, la colaboración de esas instituciones y la observación propia, Bañón fue tejiendo un nutrido registro de todos los bichos raros que aparecían por Galicia.

Pero ese sistema tiene muchos coladeros para que se escapen esas especies exóticas o migrantes. «Por cada peixe que me entero, hai outros dez casos dos que non», apunta. Y la prueba está en que hay muchos hallazgos que han sido publicitados en redes sociales que no han llegado a oídos de Bañón, la Xunta, o de institutos de investigación marina y se quedan en la anécdota.

Precisamente para tupir más la malla que permita atrapar el mayor número de especies raras, surgió la idea de aliar esa ciencia colaborativa y las nuevas tecnologías en lo que se conoce como Redogal, acrónimo de Rede de Observadores do Medio Mariño Galego, una herramienta para el seguimiento y vigilancia de la vida marina de Galicia en la que queden registradas todas las alteraciones que se produzcan. Y para eso es preciso recurrir a la ciencia ciudadana, a esos hallazgos que nutren Facebook, Twitter y otras redes y que, sin embargo, no quedan catalogados ni recogidos en publicaciones científicas.

«En realidade Redogal sempre estivo aí», señala Bañón. Es la misma ciencia colaborativa que antes se basaba en el boca a boca y ahora en una aplicación en la que cualquiera puede dar cuenta de su tropezón con una especie rara después de darse de alta en la misma. Basta con pulsar en el móvil reportar avistamiento, lo que ya da opciones a subir una imagen o un vídeo del organismo marino extraordinario (sea pez, crustáceo, molusco, etcétera) e incorpora un mapa que solo con pulsar el lugar en el que se encuentra ya ofrece las coordenadas y el hallazgo queda documentado.

El equipo de la consellería -en el que no falta Bañón, claro- tratará de identificar la especie o recurrirá al Grupo de Estudo do Medio Mariño (GEMM) en caso de que la desconozca.

En Redogal podrá conocerse las especies extrañas que van apareciendo, realizar consultas a los expertos y, además, incluye un ránking de colaboradores, que sitúa a la cabeza al que más aportaciones realiza, en un intento de animar a la participación.

Exóticas y migrantes

La información sobre la aparición de especies alóctonas es de gran importancia, pues sirve para medir la temperatura a ese cambio climático y tratar de tomar medidas para que no causen daños a las especies nativas.

Esos bichos raros pueden ser especies exóticas, que se han introducido en casa a través del agua de lastre, que han venido incrustadas en el casco de los barcos o mezcladas entre la semilla para siembra, o incluso proceden de un acuario doméstico que daba demasiado trabajo a su propietario. Pero hay otros que han venido por sus propias aletas. Es el caso de los migratorios, que han llegado porque ese aumento de la temperatura del agua del mar ha propiciado que se encuentren en Galicia como en su propia casa.

Esas alteraciones también se hacen sentir en Galicia. «Non é como o caso do Mediterráneo, donde entran polo canal de Suez do Índico, polo estreito do Atlántico... Así é que en sete anos unha especie pode pasar a ser predominante», apunta Bañón, pero sí hay pruebas de la mudanza que han hecho peces de otra región biogeográfica, particularmente la africana.

En Galicia ese proceso es más lento. Pero seguro. Según Bañón, transcurren más o menos 50 años entre que una especie se detecta hasta que se asienta aquí. Y pone por ejemplo el peixe porco o ballesta, hoy presente en lonjas y mercados y que fue citado por primera vez en Galicia en 1943.

Otra especie que comienza a verse con frecuencia es la Seriola rivoliana, un pez limón que se vio por estos lares por primera vez en el 2005 y que a fecha de hoy se encuentran a razón de 40 por año. Y a más velocidad está llegando el tropical Halobatrachus didactylus, que hizo su aparición estelar en el cercano 2018 y ahora, apenas tres años después, «estánse atopando da orde de 20, cando o normal sería que se dera con dous ou tres».

redogal

Accesible desde el móvil

El ciudadano puede aportar su grano de arena a esa ciencia colaborativa a través de la plataforma web o de la aplicación móvil. Tendrá que darse de alta en la misma para poder reportar un avistamiento. El proceso es muy sencillo e incorpora un mapa que facilita la tarea de proporcionar las coordenadas exactas de donde se produjo el hallazgo.

Pez corneta

«Fistularia petimba»

Se trata de una especie que los gallegos solo podían ver en un documental, nadando entre corales y organismos de los fondos marinos del África ecuatorial. Por eso verla en la lonja entre cajas de pescado no pudo ser más sorprendente. Es el registro que más ha impactado a Rafael Bañón, que en 20 años ha visto muchos bichos raros.

un pez limón

«Seriola rivoliana»

Es una especie de pez limón que ha llegado recientemente a aguas gallegas. Los primeros hallazgos son del 2005. Desde entonces, se ha aficionado a estas aguas y se ha convertido en la más abundante de todas las variedades de seriola que aparecen. Se trata de ejemplares que pueden alcanzar hasta dos metros de longitud total y más de 50 kg de peso.

Velocidad de vértigo

«Halobatrachus didactylus»

Su aparición por estas latitudes es tan reciente -el primero fue documentado en el 2018- que todavía no se le ha buscado un nombre común. Al contrario que otras especies, que tardan en introducirse en el hábitat, los avistamientos de esta especie con forma de rape pero con el que nada tiene que ver, han aumentado exponencialmente en un par de años.

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