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«¿Y tú sabes de motores?»

e. abuín REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

MARCOS MÍGUEZ

Suerte y tener carácter, el secreto de capitanas y jefas de máquinas que «sobrevivieron» en un sector masculinazado

29 sep 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

«Suerte» y «carácter» fueron claves en la vida laboral de las capitanas y jefas de máquinas para atajar paternalismos y ostracismos e imponer su mando en un sector tan fuertemente masculinazado como lo era -y todavía sigue siendo- la marina mercante española. Suerte, porque aparte de Bárbara Romaní, que con 23 años de antigüedad en el mar fue de las pioneras que tuvo que ir abriendo camino a golpe de vozarrón para dejar patente que «aquí la jefa soy yo», todas las participantes en la mesa redonda que el Instituto de Estudos Marítimos y la Escola Superior Técnica de Náutica e Máquinas de A Coruña organizaron con motivo del Día Marítimo Mundial califican de «anécdotas» los desprecios e incredulidades que provocaba su presencia a los mandos de petroleros, bull-carriers, ferries...

 En un ambiente distendido y de camaradería, cinco mujeres, casi todas salidas de las aulas de esa escuela, contaron cómo las recibió un mercado laboral poco acostumbrado a las faldas, y menos en la especialidad de Lidia Pena, jefa de máquinas que trabaja en un yate de 60 metros de eslora con un equipo de mujeres. Pena dice no haber tenido problemas por ser mujer en su trabajo, pero sí «te miran con dos lupas», recelosos de que sepas hacer el trabajo. «No es la primera vez que me presento como oficial de máquinas y me preguntan ‘¿y tú sabes de motores?’» O que ha tenido que contestar a la gallega a los motivos de por qué estudió lo que estudió:

-«¿Por qué estudiaste esta carrera?

-«¿Y por qué no?».

Aquí reside otro denominador común: todas -y en esto Bárbara Romaní es de nuevo excepción- eligieron Náutica sin vocación. Tuvieron «suerte» y les gustó.

En algo que también están de acuerdo todas es en que la mujer, como en otras profesiones, tiene que demostrar que vale, se le exige el doble que los hombres. Porque la vida del marino, así en genérico, «es dura y para las mujeres el doble». Además, «tú estás sola, ellos no, hacen su grupo y tú estás aislada», aseguró Romaní. Aún ahora, en su trabajo en tierra, tiene que deshacer entuertos cuando se dirigen a su compañero creyendo que es él el responsable y no su subalterno.

Tampoco lo han tenido fácil las que optaron por opositar y quedarse en tierra. Laura Rebollo tuvo que hacerse valer en el Servicio de Vigilancia Aduanera, en el que durante 10 años fue la única capitana. «Es verdad que me ha ayudado un carácter fuerte, pero es cuestión de gestión a bordo».

Nuria Vázquez también tuvo que «hacerse valer y respetar» cuando llegó al frente de la capitanía de Bueu. Porque si en la marina mercante la presencia de la mujer está más normalizada, en la pesca falta mucho para que lo asuman. Lo notó cuando esperaban «al ingeniero don fulanito» y llegó «la chica esa» a inspeccionar los barcos de bajura.

Cuarenta años de proceso de normalización de mujeres en la marina mercante han hecho que en el puente del buque que ahora manda la capitana de Antía Rodríguez «llegase a haber cinco mujeres». Pero, claro, es un petrolero, visita Yemen, Yibuti, Irán, Pakistán... Y de ahí sí que puede contar muchas «anécdotas».