Científicos de distintas instituciones exponen en Vigo soluciones para valorizar descartes y para evitar su captura
21 dic 2016 . Actualizado a las 07:50 h.¿Cómo alcanzar el rendimiento máximo sostenible (RMS) en un contexto de descarte cero y sin que el profesional se muera de hambre? «No va a ser nada fácil», apuntan fuentes de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi). Antes de adoptar el remedio a la desesperada de peregrinar en busca de un milagro, los armadores se han lanzado a buscar en distintos estamentos e instituciones científicas qué avances tecnológicos pueden contribuir a solucionar un problema que, si ahora ya es importante, más lo será en el 2019, cuando se generalice la obligación de desembarcar todas las especies sometidas a cuota que se pesquen y se materialice la amenaza de las choke species o especies de estrangulamiento -aquellas para las que no se dispone de cuota o se tiene muy poca y que podrían paralizar la pesquería en cuanto se agote el cupo y la flexibilidad permitida-. Las investigaciones van por dos caminos. Uno es el de buscar rentabilidad para las especies que antes se descartaban y que en el futuro se tendrán que desembarcar, y otro es el de mejorar la selectividad de las artes de pesca. Este último sendero es el más transitado. Cierto que hay proyectos para aprovechar pescado sin valor comercial y emplearlos como proteína en distintos productos alimentarios y sacar mayor rendimiento que si se destinan a harina o a aceite. Pero son más las pesquisas que se siguen para evitar que entren en la red especies no deseadas o para las que no se tienen cuota. Un camino que, en ocasiones, los investigadores se han visto obligados a desandar, porque el aparejo diseñado era tan selectivo que no atrapaba peces no apreciados, pero tampoco permitía la entrada de los que sí se buscan o entraban la mitad de cantidad, con lo que la rentabilidad se veía comprometida.
Entre esas pruebas de ensayo y error están las del holandés Pieke Molenaar y su equipo, a los que se les ocurrió emplear impulsos eléctricos para ahuyentar a determinadas especies del aparejo. Claro que su aplicabilidad quedó limitada, porque espantaba a unos peces, pero atraía a otros, tampoco deseados. Más éxito obtuvieron con el diseño de un modelo de red que atrapa la cigala, pero deja libres otros peces planos que vienen asociados al crustáceo.
La salida de la excepción
Algo similar es lo que está buscando AZTI para el rape, que entrará en la prohibición de descarte el año que viene y que amenaza con ser una de esas especie de estrangulamiento, dado que se tiene muy poca cuota. A la vez, indaga su capacidad de supervivencia tras la captura para poder aplicarle una excepción y esquivar la obligación de desembarque. Eso fue, precisamente, lo que se consiguió para el cerco con el slipping -abrir la red y liberar las capturas cuando se comprueba que no son las deseadas-, o con la cigala por alta supervivencia. En esa búsqueda de la excepción puede estar el milagro que evite ese peregrinaje al sector para alcanzar el RMS, cumplir con el descarte cero y no morirse de hambre.