«Donde hay un buen control veterinario es más fácil erradicar una enfermedad»

Somos Agro REDACCIÓN

GANADERÍA

De izquierda a derecha, Jesús Orejas, Juan Carlos Castro, Gonzalo Fernández y la periodista María Cedrón.
De izquierda a derecha, Jesús Orejas, Juan Carlos Castro, Gonzalo Fernández y la periodista María Cedrón. ALBERTO LÓPEZ

Expertos en sanidad animal advierten de la falta de relevo generacional entre los técnicos que tratan ganado de producción. Aún son pocos los estudiantes que quieren especializarse en grandes animales

19 feb 2026 . Actualizado a las 20:01 h.

Puede que Galicia no sea exactamente el país «do millón de vacas», pero está cerca. En mayo del año pasado, el Ministerio de Agricultura tenía censados en la comunidad 931.440 bovinos. Y luego están sus 1.417.034 cabezas de porcino, sus 149.779 ovinos, sus más de 135.000 corrales familiares registrados por la Consellería do Medio Rural... Por ello y porque, como no se cansa de recordar aquí y allá la titular de ese departamento de la Xunta, María José Gómez, «o 42% do leite que se produce en España sae de Galicia» mantener y continuar mejorando «el admirado» estatus sanitario alcanzado por la cabaña gallega a lo largo de los últimos años es una de las grandes preocupaciones de un sector «esencial» para la economía de la comunidad. Ya no solo por una cuestión de rentabilidad en las explotaciones, también por un asunto de salud pública.

Tanto que desde la Consellería do Medio Rural, como avanzó su titular durante la inauguración de la primera jornada Somos Agro, «lévanse investido dende o 2019 máis de 70 millóns de euros en sanidade e producción animal e aplícanse 28 programas sanitarios de vixiancia e control de enfermidades que poidan afectar ao gando». Pero no hay que bajar nunca la guardia. Ni ante nuevas amenazas como la enfermedad hemorrágica epizoótica (EHE) o la gripe aviar del subtipo H5N1, que en Estados Unidos ha dado el salto a las vacas; ni con otras como la lengua azul, cuya vacunación continuará haciéndose de forma gratuita en Galicia, ni con otras patologías de las que la comunidad se ha declarado libre «antes que el resto de comunidades peninsulares» como la tuberculosis bovina o Aujeszky, que afecta a los cerdos.

Seguir las indicaciones que ofrecen los servicios veterinarios oficiales, alertando de cualquier sospecha de presencia de una enfermedad en las granjas, es fundamental para poder actuar cuanto antes y frenar de forma efectiva las distintas enfermedades que puedan aparecer en el futuro. Porque el mundo es cada vez más global y, al final, nada está lo suficientemente lejos como para que no haya que estar ojo avizor.

Lo explicó el catedrático de Enfermedades Infecciosas y decano de la Facultad de Veterinaria del Campus Terra de la USC, Gonzalo Fernández, al destacar que en el caso de patologías de carácter infeccioso, «o las detectas rápido y las erradicas al principio, o nos pasa como en Inglaterra». Lo que ocurrió en el Reino Unido allá por el 2001 es que la fiebre aftosa se extendió de tal modo por las explotaciones, que obligó a sacrificar, como recordó el catedrático, «unos cuatro millones de vacas y cerdos para poder erradicarla». El coste para la economía británica fue de unos 8.000 millones de libras (unos 9.608 millones de euros, según el cambio actual). En buena parte, como explicó, el foco de aquel problema estuvo en que los mataderos no contaban con veterinarios encargados de controlar la entrada de ganado «porque decían que no los necesitaban». En Galicia entonces, como añadió, «estuvimos vigilantes para que no entrara. No entró. Lo hicimos bien. En Francia lo hicieron mejor, mataron 413 vacas y ovejas y acabaron con el problema».

«Sanitariamente, las pequeñas granjas son tan importantes como el resto de grandes explotaciones»

Además de los servicios veterinarios oficiales, dependientes de la Consellería do Medio Rural, Galicia cuenta con las agrupaciones de defensa sanitaria ganadera (ADS) encargadas de mantener a raya patologías que no tienen un programa de control oficial. De ese modo, se ha creado una red de vigilancia en la que están muchas explotaciones implicadas —sobre todo de vacuno para la producción láctea—, y también un plantel de técnicos con amplia formación y con muchos años de experiencia. Pero «aunque nuestro estatus sanitario y nuestros controles son envidiados en muchas comunidades», el coordinador técnico de ADS-Gestión, Juan Carlos Castro, apuntó que más allá de compararnos con los que están en la parte baja de la cola, estaría bien compararnos con quienes todavía lo están haciendo mejor para continuar progresando. Porque podemos hacerlo: «Es verdad que hay que atender urgencias que aparecen de un año para otro, pero echamos de menos planificaciones a más largo plazo, a 10 o 15 años vista, más allá de los ciclos políticos. Porque eso ayudaría mucho a las explotaciones a mejorar su viabilidad». Porque la sanidad animal es fundamental para la rentabilidad de las granjas. Y, como destacó, al hablar de este asunto no hay que verlo como un gasto porque es una inversión «con un retorno muy amplio».

«Echamos de menos planificaciones a largo plazo, a diez o quince años, más allá de los ciclos políticos»

Disponer de recursos adecuados para enfrentar los programas de prevención y control de enfermedades que puedan ir surgiendo es otro de los asuntos que afloraron en el debate. El técnico José Ramón Castro dijo que no se trata necesariamente de tener que aumentar el gasto, «es cuestión de realizar una redistribución de los recursos para usarlos donde se crea que pueden resultar más eficaces».

E hizo una advertencia: «No solo está bajando el número de explotaciones en Galicia porque los ganaderos que conforman el sector primario van cumpliendo sus años, el envejecimiento es una tendencia que también ocurre dentro de los técnicos». Cuesta el relevo generacional porque, como añadió,« aunque ahora hay muchos veterinarios egresados, cada vez son menos los que quieren trabajar con animales de abasto y producción».

Gonzalo Fernández aseguró que desde su facultad, «donde hay un 30% de alumnos que quieren enfocar su carrera hacia los animales de producción», están tratando de que cambien las tornas, y Juan Carlos Castro sugirió que las ADS «pueden ser una pauta para consolidar un buen tejido técnico en el campo». Lo que ocurre a pie de granja, como describieron en el debate, es que hay demandas que surgen de un año para otro como, por ejemplo, tener que vacunar de repente a un tipo de cabaña de una determinada enfermedad que aparece de repente «y hay problemas para encontrar veterinarios que puedan trabajar en esos programas. Lo que nos sobra es trabajo que hacer para poder controlar y prevenir todas las sorpresas que cada día nos da la globalización». Sorpresa sería, como dijo, que serotipos de algunas enfermedades como la lengua azul que en estos momentos están en el norte de África no acaben pasando aquí: «Para controlar eso precisamos una buena red de técnicos».

«Una enfermedad infecciosa, o la detectas pronto y la erradicas al principio o nos pasa como en Inglaterra en el 2001»

Uno de los terrenos que hay que continuar abonando para mejorar las labores de vigilancia en las que tanto hincapié se hizo durante la jornada es el de las pequeñas explotaciones que todavía no están adscritas a ninguna ADS porque, como apuntó el jefe de servicio de Sanidad Animal de la Consellería do Medio Rural, Jesús Orejas, «sanitariamente son tan importantes, o más, que el resto. Porque de nada vale someter a los ganaderos que están en ADS a restricciones voluntarias porque no hay un programa oficial de requisitos de movimiento, incorporación, chequeos .... cuando al vecino del al lado, como no está en la ADS , no se le puede exigir nada». Y dio algunos datos como que del censo de bovino de leche, en torno a un 70 % de las reproductoras están en ADS, mientras que en el caso del vacuno de carne ese porcentaje no llega al 30 %. Otro tema es el ganado ovino y caprino, un sector en el que dado el pequeño tamaño de las explotaciones, solo unas 200 de las 14.000 granjas censadas están adscritas a estos organismos de control. En el caso de los cerdos o las granjas avícolas, el índice está en torno al 90 %.

Con esos datos en la mano Jesús Orejas reconoció la laguna que hay precisamente en este terreno, algo que «no es fácil» de resolver. En este sentido, puso el ejemplo del programa voluntario de rinotraqueítis infecciosa bovina (IBR) que se trató de implantar a nivel estatal: «Hubo reticencias porque lo que pasa en las comunidades del norte nada tienen que ver con las del sur, donde las prevalencias de algunas enfermedades de control oficial como la tuberculosis son de un 10%. Entonces dicen ‘qué me estas contando’». Pero más allá de eso reiteró que «no es fácil» porque para ponerlo en práctica ha y que sangrar a los animales. ¿Quién va a ir? «Porque no hay gente en la calle que quiera dedicarse a grandes animales es una laguna que habrá que acometer».