Quemando rastrojo

AGRICULTURA

El Concello publicó ayer un bando que, leído por un visitante desinformado, resultaría alucinante. Hablamos de la mayor ciudad de Galicia, el motor económico de la Comunidad, una urbe con casi 300.000 habitantes censados, y cerca de medio millón en su área metropolitana. Un puerto que es el tercero de España en exportaciones, uno de los gigantes pesqueros del mundo y la mayor potencia del congelado del planeta. Aquí se ubica una poderosa industria automovilística y unos astilleros que han vendido buques que navegan siete mares.

Hablamos pues de Vigo, la mayor ciudad del Occidente de España. La urbe que ha aguantado una crisis tras otra, creciendo siempre, pese a la tradicional marginación de las administraciones, en especial la autonómica. Pero, en este Vigo poderoso, en esta ciudad formidable, firmaba ayer la Alcaldía un bando prohibiendo «la quema de rastrojos y otros productos del campo dentro del área urbana». La orden especifica que, desde el próximo 1 de junio y hasta el mes de septiembre, el Concello no cursará ninguna petición para realizar quemas agrícolas. Nadie se imagina un bando semejante en Madrid, en Barcelona o Nueva York. En una ciudad normal, los alcaldes no dictan órdenes sobre quemas de rastrojos, ni regulan el momento idóneo para plantar boniatos o sulfatar las berzas. Pero en Vigo, sí. Esta ciudad ha crecido tan rápidamente que sería imposible entenderla sin su cinturón rural. Y el mismo casco urbano aparece trufado de fincas donde el vigués dobla el espinazo para sachar unas patatas, recoger algo de maíz o abonar cuatro lechugas. En parroquias como Coruxo, donde el metro cuadrado se cotiza como en Sunset Boulevard, hay quien prefiere plantar millo a vender la finca. Vigo tiene matriculados más tractores que autobuses y la cabaña de terneras del municipio, matriculadas en su mayor parte en Zamáns y Valadares, multiplica a la de concellos como Moaña, que presumen por la Meseta de su afamado chuletón. Muchos vigueses comen huevos de casa, que no traen de lejanas aldeas, sino que son puestos en Vigo mismo. Y aun hay quien cría el cerdo en las parroquias. Mientras el grafitti invade cualquier ciudad moderna, en Vigo, a cinco minutos del centro urbano, hay lavaderos rotulados con spray que anuncian: Capador o Matarife , con un teléfono móvil. Así que el Concello acaba de prohibir la quema de rastrojos. Y mientras nos damos aires de Concurso Hípico, cada cierto tiempo caballos de campo llega a la plaza de España para competir con los de bronce. Somos únicos: No puede negarse que esta ciudad es estupenda.