Horacio fue el impulsor del proyecto de recuperación de la uva autóctona que tantas alegrías está dando a Valdeorras. Su hija Araceli sigue sus pasos
07 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Si hubiese un idioma propio de godello, Horario Fernández sería su Real Academia. A sus 77 años, huele godello, respira godello, vive godello. A esta variedad de uva ha dedicado buena parte de su vida, y lo cuenta con orgullo, «solo hay que ver lo bien posicionado que está nuestro vino ahora».
Pero no siempre fue así. Nacido en Armunia (León), a finales de los sesenta llegó a Valdeorras como jefe de área del servicio de extensión agraria y su contacto con el vino «fue por necesidad». Y se explica. Su cometido era organizar la viticultura que se estaba haciendo en la comarca, «en la que se estaba produciendo una desruralización, porque la gente huía del campo»; en una época en la que «los graneles estaban desapareciendo y los embotellados estaban cogiendo camino, pero no todos los vinos que había aquí servían para meter en botella». Y es que en la década de los setenta lo que predominaba en las viñas valdeorresas eran las variedades exógenas, «orientadas a producir mucho, 20 o 30 kilos por cepa, 25.000 kilos por hectárea, una barbaridad», resume.
Fernández puso entonces en marcha el programa Revival (Reestructuración de viñedos de Valdeorras) que partió de la investigación por conocer las variedades autóctonas. Aparecieron entonces los nombres de godello y mencía. Y empezó su búsqueda del godello, casi desaparecido de la comarca, donde representaba el 0,005% de las viñas que había en el año 74. La manera de hacerse con las uvas fue «pagando el kilo a 15 pesetas, cuando el resto valían a 5». Con los 5.000 kilos reunidos, al año siguiente salió la primera cosecha de godello.
Después vino la plantación de campos experimentales «con nueve raíces que había en el mercado, para ver cuál ofrecía mejor afinidad con el entorno» y una bodega de seguimiento, «la primera de España, de la que han salido los conocimientos base gracias a los que ahora sabemos el comportamiento del godello».
Ya en el 86 nacía Godeval, la bodega con sede en el Mosteiro de Xagoaza, un edificio histórico cuyos inicios se remontan al siglo XII. Fernández es el presidente y enólogo de una firma que actualmente saca al mercado 150.000 botellas de su cosecha y que ha conseguido hacerse un hueco entre los grandes nombres del vino. ¿El secreto? «En la bodega no debe entrar ninguna uva que uno no se comería en la mesa», la indicación que Horacio da a los vendimiadores.
Todo lo que sabe de godello se lo ha transmitido a su hija Araceli, ingeniero agrónomo y enóloga, que se unió a Godeval en el 2006 «aunque mi trabajo está más enfocado a la comercialización». Y es que, consciente de que «tenemos una variedad muy buena, sabemos mucho de ella y hacemos un buen vino», explica, ahora toca «transmitirlo, necesitamos que llegue al consumidor directo, hay que difundir la marca». Araceli apuesta por vender «el godello y la comarca, todo junto, porque la idea a transmitir es que uno se puede llevar una cepa y plantarla en otro sitio, pero no será el vino de aquí».
Trabaja en la comercialización, y también en la expansión. El futuro pasa por que Godeval «llegue a las 500.000 botellas». No se marca plazos. Quizás para entonces sus sobrinos, Guzmán y León, quieran seguir la tradición. O quizás no.
