Al rico dulce con lluvia y sol

AGRICULTURA

Aunque la meteorología fue caprichosa, la organización despachó ayer doce mil unidades del postre lácteo

27 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La meteorología aprovechó la celebración de la decimonovena edición de la Festa do Requeixo, en el municipio de A Capela, para ser caprichosa. Eso sí, bajo el virulento chaparrón que cayó cerca de una de la tarde o con el bochorno que predominó horas después, las tarrinas del postre lácteo se vendieron como churros en el atrio de la capilla de As Neves.

«¿Qué hay una fiesta, es de comer?», preguntaba ayer una pareja de turistas que paseaba pasadas las dos de la tarde por la villa. De comer y de chuparse los dedos. Junto a ellos, desfilan hacia el escenario de la degustación gastronómica un buen número de personas, desde niños hasta mayores (algunos con el paraguas abierto, aunque no llovía, a modo de sombrilla improvisada).

De vuelta, regresan otros tantos. En sus bolsas se pueden observar más de una tarrina. No es difícil adivinar cuál será su postre.

De camino a la zona donde se despachan las raciones de requeixo, a un precio de 75 céntimos de euro por unidad, hay múltiples maneras de divertirse. En los alrededores del atrio, la cooperativa aprovechó para exhibir productos de artesanía y maquinaria agrícola.

Para llenar el estómago, el postre lácteo no fue el único ingrediente del menú de ayer en As Neves. En los puestos instalados en la zona, se pusieron a la venta otras tentaciones para los golosos como miel, licores y rosquillas.

Afluencia

Aunque la mañana estuvo pasada por agua (la lluvia empezó a alejarse cuando el pregonero, Senén Barro, rector de la Universidade de Santiago de Compostela, se subió al palco), los organizadores comentaron que la afluencia de gente fue muy elevada. A las dos de la tarde ya se habían vendido 4.000 de las 12.000 tarrinas previstas. «Viene gente no sólo de A Capela, sino de distintos puntos de la comarca», explica uno de los integrantes de la cooperativa.

Una señora que se dispone a comprar dos vales para llevarse a su casa un par de tarrinas, confiesa que es amante del requeixo y una incondicional de la fiesta.

A partir de las cuatro y media de la tarde, fue cuando se produjo la mayor avalancha de público. De hecho, según la organización, pasadas las siete y media de la tarde ya no quedaba en el puesto de la cooperativa ni una sola tarrina. Todo un éxito.