Medio millón de fieles acudieron a la multitudinaria vigilia de oración con jóvenes en la plaza de Lima
07 jun 2026 . Actualizado a las 09:32 h.León XIV fue directo al corazón de una generación que vive pegada al móvil: «Buscad la verdad». Ante un Paseo de la Castellana desbordado, el papa advirtió a los jóvenes del riesgo de dejarse arrastrar por una vida filtrada por pantallas, algoritmos y voces que prometen certezas rápidas. «Muchas voces en las redes redes nos engañan y nos cuentan mentiras», les dijo en una vigilia que congregó, según la Delegación del Gobierno, a medio millón de personas en torno a la plaza de Lima, desbordando todas las previsiones de asistencia al primer acto multitudinario en la visita apostólica del pontífice a España.
No fue su única advertencia. El papa pidió guardar silencio para «liberar el corazón», no tener miedo de expresar lo que cada uno lleva dentro, compartir el camino espiritual, vivir libres frente al engaño y las modas, no temer al matrimonio ni a formar una familia y ser protagonistas del cambio en la sociedad, especialmente ante el reto de la inteligencia artificial, un tema por el que se interesó una de las jóvenes que le pidió consejo. Al final, condensó el mensaje en otra frase breve: «Sed humanos». Y añadió: «humanos de carne y hueso y rostro». Ante la violencia, la guerra y la mentira, los llamó a ser «la chispa de una humanidad nueva».
Antes de que León XIV tomara la palabra, el cardenal José Cobo había dado a la tarde un marco muy madrileño. «En Madrid nos gusta presumir de tener unos colores del cielo especiales. Especialmente cuando cae la tarde», dijo el arzobispo, antes de recordar el dicho popular: «De Madrid al cielo». No era solo una bienvenida. Cobo lo convirtió en una invitación a «mirar alto» y a no quedar encerrados «en lo inmediato ni en la desesperanza».
Ese fue el hilo de la tarde: mirar alto en una plaza llena de pantallas; buscar la verdad en una época de ruido; hacer silencio en medio de una multitud. La organización había previsto 240.000 jóvenes, pero la realidad fue mucho más amplia. Familias completas, grupos de amigos, adolescentes y no tan adolescentes ocuparon la plaza de Lima, la Castellana y las calles aledañas. La concentración se extendía mucho más allá de donde se alzaba la mirada.
Resistencia ante el calor
Madrid rozaba los treinta grados en este primer sábado de junio, y muchos jóvenes afrontaban los últimos exámenes antes del verano. Ni el calor ni la recta final académica frenaron a quienes cambiaron bibliotecas y apuntes por una cita que vivieron como histórica: la primera visita del Papa León XIV a España.
Algunos habían empezado el día cuando Madrid aún dormía. Fernando, Carmen y Laura llegaron en autobús desde Extremadura a las 6.45 de la mañana, con la mezcla de sueño, cansancio y expectación de quienes saben que la jornada va a ser larga. Otros, como Lucía, viajaron desde Vigo y llegaron a la plaza de Lima a las 14.30 horas. Entró de las primeras y consiguió colocarse en primera fila. Desde allí vio al papa a pocos metros, tras horas de espera bajo el sol.
A medida que uno se acercaba a la plaza de Lima desde las abarrotadas salidas del metro, Madrid empezaba a transformarse. Turistas y curiosos compartían aceras con religiosas, sacerdotes, familias y adolescentes que no dejaban de hacerse fotos. Las sombras escaseaban y cada árbol se convertía en refugio improvisado. Bajo ellos se compartían bocadillos, gorras y abanicos.
El calor también dejó escenas de agotamiento. Hubo intervenciones del Samur para atender a personas afectadas por las altas temperaturas y por las largas horas de espera, y la magnitud de la convocatoria tuvo su reverso. Las previsiones se habían quedado cortas, y los accesos no absorbían el volumen de gente que seguía llegando a la plaza de Lima y la Castellana.
Pero, pese a esas tensiones, el ambiente general mantuvo el tono festivo. La música ayudó a construir ese clima. Desde las primeras actuaciones, la plaza entró en calor antes incluso de que llegara el papa. Los conciertos y los actos previos convirtieron la espera en una celebración colectiva. A las 18.30 horas, los primeros acordes recorrieron la plaza de Lima y se extendieron por la Castellana como una ola, mientras esperaban a la llegada del pontífice, a quien recibieron eufóricos, demostrando, que, como ellos mismos coreaban, «esta es la juventud del papa»