Unos 25.000 agricultores se despliegan en una treintena de ciudades contra Mercosur
AGRICULTURA
En Galicia, los productores volvieron a cortar la autovía A-52 a la altura de Xinzo de Limia, recuperaron las manifestaciones en el centro de Lugo y llevaron sus demandas a Santiago
30 ene 2026 . Actualizado a las 09:34 h.Unos 25.000 agricultores y 15.000 tractores. Ese es el Ejército que, según las organizaciones agrarias convocantes Asaja, COAG y UPA —en Galicia se sumaron el Sindicato Labrego Galego, Agromuralla, la Asociación de Gandeiros Galegos da Suprema y Asociación do Sector Primario de Galicia— se desplegó ayer en una treintena de ciudades para protestar contra el acuerdo comercial con Mercosur y contra el recorte previsto en los fondos de la política agraria común (PAC) para el próximo período. Eso, en teoría. Porque en la práctica, entre las inquietudes de los productores volvía a estar el exceso de burocracia que han de afrontar o particularidades tan locales como la aprobación de una concentración parcelaria para tener acceso a la tierra.Y mientras en Madrid un grupo de agricultores se reunía con la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso, después de suspender la protesta por las inclemencias meteorológicas [también ocurrió en Sevilla], en Ourense los agricultores volvieron a cortar la autovía A-52 en ambos sentidos a la altura de Xinzo de Limia. En Lugo, después de haberse replegado cuando el Parlamento europeo decidió enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia Europeo, los ganaderos volvieron a recorrer ayer el centro de la ciudad. Y en Santiago la protesta se concentró en As Cancelas.
La de la capital de Galicia fue una protesta mucho más modesta que la de Xinzo de Limia. Los ganaderos y agricultores ourensanos cumplían ayer un mes de protestas. Lo hicieron aumentando la presión. Al dejar cortada la autovía en ambos sentidos a la altura de Xinzo provocaron importantes retenciones en las carreteras secundarias. Llegó a contabilizarse hasta una veintena de camiones paralizados. Era la segunda vez que los tractores paralizaban el tráfico en esta vía. Los de la Asociación do Sector Primario de Galicia —la entidad convocante— llevaban aparcados, bloqueando uno de los accesos al polígono de San Cibrao das Viñas, desde el pasado viernes. Hasta allí se habían trasladado después de tres semanas en el centro de Ourense y unos días ocupando la carretera nacional N-120, una de las entradas a la ciudad. Tras alguna jornada de tensión con diversas acciones para reunirse con representantes públicos, parecía que habían rebajado la presión, pero ayer todavía tenían fuerzas. Por la mañana dejaron el polígono para hacerse notar más en un día de reivindicación del campo en toda España.
Lo mismo ocurrió en Lugo. Santiago Rego, presidente de la Asociación de Gandeiros Galegos da Suprema, mostró su temor por la aprobación provisional del acuerdo comercial entre la UE y Mercosur. Este paso parece que está cada vez más cerca después de que, justo ayer, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, entregara el documento del acuerdo comercial al Congreso para su ratificación. Una vez que lo haga, este podría entrar en vigor de modo provisional. Es lo que a Rego le parece, como dijo, «unha irresponsabilidade absoluta e unha falta de respeto a todo o sector primario». Como en anteriores protestas, volvió a incidir en controlar la entrada de productos procedentes de Mercosur. No solo por suponer una «competencia desleal», también porque puede poner en riesgo la seguridad alimentaria. Pero las razones que llevaron a los productores a concentrarse en Lugo fueron más. Pablo González, de Agromuralla, criticó que eurodiputados gallegos del PP y del PSOE no les hubiesen concretado todavía una reunión. Y ganaderos como Manuel Quiroga, de Becerreá, advertían de que toda la sociedad podía y debía percibir si el sector primario vive tiempos de bonanza o de dificultades. En su opinión, falta más respaldo oficial: «Deberían estar aquí os alcaldes», afirmó. Daniel Fraga, de Abadín, se quejaba en cambio de la situación del campo en general. «O Mercosur acabará por afogarnos, supoño», afirmaba. Se quejaba de los contratiempos que supone el exceso de burocracia y de que en su parroquia no hay concentración parcelaria y la base territorial está muy repartida.
