Maquetas de marisco

La Voz

AGRICULTURA

Praza da Ferrería Jesús Rodríguez Fariña diseña maquetas de construcciones tradicionales gallegas y asturianas para luego recrearlas a base de materiales que extrae de las navajas, zamburiñas o también de los tallos del laurel

06 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Hace seis años que el pontevedrés Jesús Rodríguez Fariña se jubiló, una circunstancia que también coincidió en el tiempo con una operación quirúrgica a la que fue sometido, lo que le obligó a pasar más tiempo en casa. Pero sin duda ha sabido sacarle partido al tiempo libres buscándose una curiosa afición. Y es que este hincha del Pontevedra CF, fundador de la histórica peña O Petapouco se ha convertido en todo un artista de las maquetas elaboradas a base de mariscos. Las navajas y las zamburiñas son su material preferido para trabajar y los hórreos, su construcción favorita, aunque domina a la perfección las pallozas, los faros, ceniceros e incluso las casas asturianas, que memorizó tras una visita a esa comunidad. En el salón de su vivienda ya expone en varias estanterías más de una decena de obras, pero la falta de espacio en esa estancia le ha obligado a aprovechar cualquier rincón de la casa. ¿Que por qué el marisco? Muy sencillo. «Nadie lo hacía». A las maquetas no les falta detalle. Muchos de los hórreos están acompañados de escaleras, carros de vacas y todo tipo de aperos de labranza, cuando no de la casita del perro. Además, muchas de sus obras están identificadas con pequeños carteles que avisan precisamente de la peligrosidad del can o del título de la obra. Por ejemplo, está la casa de la moneda, donde ésta representa un reloj que corona el friso de la parte delantera de un hórreo. Totalmente autodidacta, Rodríguez Fariña reconoce que lo más difícil de su hobby es «encontrar el material». Su mujer, María Teresa Bacariza Fernández, lo corrobora y explica que las zamburiñas las consigue en depuradoras generalmente, mientras que las navajas las va a buscar a Fisterra durante la fiesta dedicada a este molusco. «Vamos y llevamos cajas -señala Teresa-. Ya vamos conociendo gente y alguno ya nos da las conchas». Luego las traslada a su pequeño taller (ha convertido en su estudio una de las habitaciones de su casa) y allí minuciosamente las lava, corta y barniza. Pero no sólo trabaja con marisco. Hay un hórreo elaborado con bellotas y cañas de bambú y precisamente, el nuevo trabajo en el que está inmerso es otro hórreo más realizado con tallos de laurel. Se trata de una reproducción del que está en casa de un primo de Jesús en Lugo, a quien se lo quiere regalar. También ha trabajado con piedra para elaborar los pies de algunos hórreos. Y todo, con su cuchilla «y mucha calma, como tengo tiempo...» En lo que no ha pensado Rodríguez es en exponer sus obras. «No me gusta presumir -dice-. Pero sí quiero exponerlas en el escaparate de una floristería de la calle Herreros, Pacheco, si el propietario quiere». Pero no crean que las maquetas son su única afición. El protagonista de esta página cuida con igual esmero sus colecciones de monedas y sellos, que ocupan todo un mueble. Los tiene de todos los países y épocas; por ejemplo hay sellos desde 1850 y monedas también del siglo XIX. La mujer de Jesús bromea con la falta de espacio que se les avecina en su vivienda, pero al mismo está contenta «porque es él quien se encarga de limpiarlo todo». Ella se dedica también a localizar los accesorios para las maquetas, tanto los personajes como los animales, aunque reconoce que no hay mucha oferta en Pontevedra. «Los busco hasta en los todo a cien y los chinos, aunque la verdad es que encuentro poca cosa», indica. Eso sí, parece que ninguno de sus cuatro hijos va a seguir la tradición. Si acaso, alguno de sus nietos. De momento, uno de ellos se quiere quedar con la casa asturiana que preside la entrada de su vivienda. El autor decide.