La tecnología blockchain rastrea el viaje de los alimentos desde la granja la mesa

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Cada vez más consumidores comprometidos con el cuidado del medio ambiente y rebaja del desperdicio alimentario que promueve la PAC quieren conocer la trazabilidad de los productos que comen

08 dic 2023 . Actualizado a las 12:10 h.

Un consumidor se detiene ante un lineal dedicado a los productos lácteos de un supermercado local. Allí conviven diferentes marcas de yogur. El consumidor revisa el precio. Las diferencias entre unos u otros pueden variar en hasta más de 0,5 euros. Algunos fueron elaborados con leche ecológica, otros no. De la elección que haga ese consumidor dependerá que puedan lograrse objetivos como reducir la huella ambiental y climática del sistema alimentario de estrategias diseñadas desde Europa como De la Granja a la Mesa, enmarcada dentro de ese Green Deal que inspira la nueva política agraria común (PAC).

Pero cómo puede el consumidor saber, más allá del precio, qué elegir para poner su grano de arena en la mejora de la sostenibilidad de los modelos alimentarios. Pues para eso están las nuevas tecnologías que permiten conocer la trazabilidad de cada alimento. Porque no todos han seguido el mismo camino en ese viaje De la Granja a la Mesa. Entre ellas destaca especialmente la tecnología de blockchain _basada en una cadena de bloques de operaciones descentralizada y pública_, una herramienta que vale tanto para garantizar la seguridad alimentaria como para ver, por ejemplo, la trazabilidad de un añimento durante el transporte. Hasta puede detectar fraudes o limitar el desperdicio alimentario. El jefe de la oficina de valorización de los resultados de investigación del IRTA, Agustí Fonts, indica que «a diferencia de lo que se hacía hasta ahora, el blockchain tiene la virtud de que dispone de una base de datos inmodificable por lo que resulta más complicado hacer trampas». De todas formas, como detrás de cualquier tecnología está también el factor humano para hacer todavía más fiable el método hay que hablar de blockchain y de todas las tecnologías que lo acompañan en la recogida de datos: «Recoger datos para esa cadena de bloques sin intervención humana, unida a lo que se conoce como Internet of Things u Internet of Farms (sensores que permiten saber el índice de humedad, la ubicación de un animal....) ayuda a concoer el origen de un alimento o cómo se han tratado a los animales, por ejemplo». 

En ese conocimiento de la trazabilidad de los alimentos también va a jugar un papel fundamental el cuaderno de campo, obligatorio desde hace años en España para todos los que tienen una explotación agraria o ganadera. El cuaderno, tal y como marca la nueva PAC, deberá ser digital a partir de septiembre del 2025 después de que el Ministerio de Agricultura sugiriera un aplazamiento para dar tiempo a las granjas a adaptarse: «Junto a todo esto _añade Fonts_ están apareciendo start ups que pone en manos del consumidor herramientas que permiten conocer todo esto. Tanto a través de aplicaciones de móvil como por medio de etiquetas inteligentes que ya se están poniendo en el mercado». 

Como ejemplo habla de Color Sensing, una spin-off de la Universidad de Barcelona, que dispone de un embalaje inteligente que cambia de color cuando el porcentaje de etileno supera el umbral a partir del que el alimento no está en condiciones de consumirse. La idea es ayudar a reducir el desperdicio alimentario, además de ayudar al consumidor a saber cuándo un alimento está bueno o no. 

Pero no son los únicos que trabajan en mejorar la información sobre la trazabilidad de los alimentos. El gallego grupo Lence, con la colaboración de la Xunta de Galicia y de empresas como Proymaes, Innogando, Himikode, PS Vet., Medrar Smart Solutions y el Instituto Tecnolóxico de Galicia (ITG), es uno de los que ha dado ya pasos en esa dirección. Lo ha hecho con su proyecto Milkchain, que permitirá al consumidor saber el origen de la materia prima envasada como Leche Río. Desde la ganadería en la que se ha ordeñado hasta el transporte que la ha llevado a la fábrica, su tratamiento y cómo ha llegado a cada tienda. Para conocer esos datos bastará con escanear un código que se incluirá en los envases de leche. 

El mundo del vino también usa este tipo de tecnologías. Un consorcio liderado por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) avanzó hace un par de años la puesta en marcha de la iniciativa TRACEWINDU, para desarrollar un modelo de etiquetas inteligentes que, como avanzó en su día la institución académica, permitirá trazar la trayectoria de cada botella desde el productor del vino, registrando también todos los intermediarios por los uqe haya pasado la botella. 

La tecnología existe y la pregunta es cuándo llegará a todo el mundo. Dice el especialista del IRTA catalán que las start-ups han de resolver tres cuestiones. La primera es el desarrollo la tecnología. «Esta parte técnica es la que está actualmente más desarrollada», dice. Luego está la parte regulativa, «poder mostrar al ente regulador que lo que dice que hace la tecnología es verdad». Y la tercera parte es «la aceptación por parte del consumidor de esa tecnología». En este sentido añade que «resulta esperanzador disponer de tecnologías para el beneficio del consumidor en el campo agroalimentario».