Control de cultivos, censos de animales, fumigación o siembra son algunas de las cosas que pueden hacerse con un dron. En el centro EFA Fonteboa, de Coristanco, tienen un programa de capacitación para el uso de estos aparatos en el agro
08 nov 2021 . Actualizado a las 23:01 h.Seguramente sea la fotografía el uso más extendido de los drones, esos aparatos que a menudo se ven sobrevolando parajes naturales o eventos sociales, pero su funcionalidad va mucho más allá y su utilización está despegando —nunca mejor dicho— en el sector de la agricultura. Para el control y la supervisión de cultivos, para la fumigación de fincas o para plantaciones forestales se están utilizando estas máquinas, aunque hay que matizar que su rentabilidad está ligada a que se usen en grandes superficies de terreno o en parcelas de complicado acceso o gran desnivel.
José Manuel Campos, docente de la EFA Fonteboa de Coristanco, trabaja con estudiantes en este campo (de la mano de Iniciativa Xove) y cree que la utilidad de estos artefactos será todavía mayor «cando se permitan voos autónomos», cosa que a día de hoy no está contemplada por la legislación, que exige que estén pilotados por una persona. Mientras tanto, supedita su beneficio a productores «que teñan grandes superficies de cultivos que queiran controlar» o fincas «nas que non é posible a mecanización», reseña. Y es que, aunque el dron en sí no es demasiado costoso, son los accesorios los que encareces la factura final. Por ejemplo, para el control de grandes plantaciones de maíz se utiliza una «cámara estroboscópica», dice Campos, que permite analizar diferentes variables como la falta de nutrientes. «Hai un rango amplo de prezos, pero unha boa cámara pode chegar ata os seis mil euros», señala el técnico.
En zonas a las que no accede un tractor, como en viñedos, también hay experiencias de utilización de drones para la fumigación, ya que es más barato que pagar un vuelo de helicóptero o avioneta. También sería rentable para la plantación de árboles en terrenos forestales de mucha pendiente o complicada entrada, así como para ahuyentar a determinadas aves que deterioran o se comen los cultivos. En este sentido, relata Campos, se reproduce la técnica usada en los aeropuertos, en donde se utilizan halcones para garantizar la seguridad aeronáutica y proteger al resto de aves. «Pódense programar voos aleatorios e imitar bastante ben o ataque do falcón».
¿Y qué hay del jabalí y su particular gusto por los forrajes y los cultivos de patata? Sería complicado, apunta el docente, utilizarlo para el control de este animal, pero sí ve factible que se emplee para la elaboración de censos de animales salvajes o para el recuento de rebaños en extensivo.
Dado el coste considerable de estos aparatos, una opción interesante para su implantación en comarcas agrícolas es el cooperativismo o «algún tipo de empresa externa que venda ese servizo», apunta Campos: «Para min a cousa vai un pouco por esa liña».
Obtención de permisos
Para maniobrar con un dron básico antes había que sacar una licencia, trasladarse a un centro específico y pasar una serie de pruebas. A día de hoy, tras el cambio de normativa, la obtención del permiso se ha simplificado bastante y puede hacerse (para determinados modelos) de forma totalmente gratuita y telemática. La cosa cambia, por ejemplo, para aparatos de fumigación. Cada caso es diferente y, por eso, desde el centro coristanqués EFA Fonteboa guían a los chavales no solo en lo referido a la manipulación y vuelo de estos aparatos, sino también en el papeleo y en el conocimiento de la normativa. «Facemos talleres, traballamos na fabricación e montaxe de drons de varios tipos, axudámoslles a sacar a licenza e facemos práctica», explica el técnico. También, aunque no tenga tanto que ver con la agricultura, hacen «levantamentos 3D de edificios, áreas rurais, montes...».
