El conejo se apunta a la dieta saludable

Maruxa Alfonso Laya
Maruxa Alfonso REDACCIÓN

GANADERÍA

Un proyecto de investigación estudia nuevos piensos y principios activos de las algas para reducir el uso de antibióticos en las granjas de estos animales

19 jun 2022 . Actualizado a las 23:54 h.

El talón de Aquiles de los conejos es el aparato digestivo. «Es un monogástrico que tiene una función que se parece un poco a la de los rumiantes y eso hace que sea sensible a cualquier tipo de estrés», cuenta Luis María Sevilla, jefe de Producto Avicultura y Cunicultura en De Heus, empresa especializada en alimentación animal. Y, al igual que le sucede a muchos humanos, ese estrés le afecta al estómago, lo que obliga a sus criadores a utilizar tratamientos. Ahora, un grupo de investigadores, liderados por De Heus, ha puesto en marcha un proyecto de investigación con el objetivo de diseñar técnicas innovadoras que permitan reducir el uso de antibióticos en estos animales. En la iniciativa, bautizada como Tirac, participan también la Fundación Empresa Universidade (Feuga), la empresa Portomuíños, la Universidade de Santiago y la Politécnica de Madrid, Progacun (la asociación de productores de conejos de Galicia) y una cooperativa de Navarra.

«El principal objetivo es estudiar alternativas nutricionales de los conejos que nos permitan reducir el uso de antibióticos», cuenta Sevilla. El proyecto se dividirá en dos fases. En la primera se investigarán diferentes estrategias nutricionales, diseñando diferentes piensos o productos de alimentación.Todos ellos serán testados en campo, en las diferentes granjas que participan en la investigación, para saber cuál ofrece mejores resultados. Posteriormente, se estudiarán principios activos extraídos de las algas, para ver cómo pueden complementar esa alimentación. Todo con el objetivo de garantizar que, gracias a esa alimentación, los animales estén sanos y no precisen medicación.

La salud, concepto global

«Reducir el uso de antibióticos en la cría de estos animales es un reto importante», explica Sevilla. Se avecinan cambios normativos, asegura este investigador, «y hay presión social y política» para que se empleen cada vez menos medicamentos. En su opinión, la salud de los animales debe ser tratado como un concepto global. «De Heus lleva ya muchos años trabajando para reducir el uso de antibióticos y existen alternativas basadas en una alimentación de precisión, pero también deben implicar un buen manejo y una buena genética», asegura.

Ahora, se quiere dar un paso más en el diseño de la alimentación. «Sabemos cómo funciona el aparato digestivo del conejo en función de las diferentes dietas y sabemos que tenemos que jugar con las proteínas, los aminoácidos y las fibras para buscar la mejor combinación posible y obtener los mejores resultados de engorde del conejo», asegura. A esa nueva dieta se le incorporarán, posteriormente, los principios activos que se extraigan de las algas «para comprobar lo que le aportan a mayores», explica. Serán los de la empresa Portomuíños los que se encargarán de elegir las algas que formarán parte del estudio y los responsables de la Universidad de Santiago los que extraerán los principios activos de las mismas.

¿Qué creen que le pueden aportar las algas a la alimentación del conejo? «Hay bibliografía al respecto y empresas que están trabajando con ellas. Pero nosotros buscamos principios con efectos inmunomoduladores, que tengan propiedades inmunitarias y ayuden al animal a que sea más fuerte», afirma. Se trata de buscar aquellos principios que tenga propiedades de salud digestiva. «No son antibióticos, pero hay principios con propiedades terapéuticas que pueden ayudar a curar determinados trastornos gastrointestinales porque funcionan de manera directa sobre el patógeno», asegura.

Tirac se puso en marcha este mismo verano y, por ahora, ni siquiera han comenzado las pruebas de campo. La tarea ha empezado por elaborar encuestas entre los ganaderos para saber cómo está la situación y, a partir de ahí, diseñar las primeras dietas de prueba. Este proyecto supraautonómico tiene una duración de tres años y dispone, además, de un presupuesto cercano al medio millón de euros.