La inteligencia artificial llega al viñedo

Martín Códax ya trabaja con drones que le dicen cuándo debe vendimiar cada parcela y la Politécnica de Valencia presenta un robot que mide la salud de la vid

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Charla sobre nuevas tecnologías en viticultura en Martín Códax Charla sobre nuevas tecnologías en viticultura en Martín Códax

Redacción / La Voz

En una tierra en la es difícil acceder con el tractor a buena parte de sus terrenos de cultivo cuesta pensar que las nuevas tecnologías tengan algo que decir. Pero lo cierto es que sí. Así al menos lo demostraron ayer el director técnico de Bodegas Martín Códax, Miguel Tubío, y el profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, Francisco Rovira, en unas jornadas organizadas por el Centro Tecnológico Agroalimentario (CETAL) de Lugo en la finca experimental de Pé Redondo. El primero de ellos mostró el sistema de drones que está facilitando la vendimia a la bodega, pero que puede tener muchas más aplicaciones. El segundo puso a funcionar un robot que ayuda a los viticultores a tomar datos de su viñedo y a interpretarlos para saber, por ejemplo, si tienen que regar más o aplicar más abono.

Hace ya siete años que Martín Códax comenzó a trabajar con tecnología aérea. Primero apostó por la imágenes que se tomaban desde una avioneta, pero enseguida se dieron cuenta de las posibilidades de los drones. Estos ofrecían una fotografía que mostraba las diferencias de vigor que existían entre viñedos de una misma parcela. La bodega puso entonces en marcha un proyecto de investigación para ver cómo podía influir en ese vigor y, también, qué tipos de vino se elaboraban con esos diferentes tipos de uva, contó Tubío.

Martín Códax usa los drones para hacer una gestión diferencial del viñedo, programar la vendimia y diseñar nuevas plantaciones. Actualmente, la bodega cambadesa utiliza los drones con tres fines diferentes. El primero de ellos le permite hacer una gestión diferencial del viñedo. Esto significa que gracias a las imágenes de los drones saben qué viñedo tiene más vigor y cuál menos y, con esa información, diseñan el plan de fertilización o la gestión del riego. Puede servir incluso para reducir el uso de fitosanitarios. «Axudaranos a facer unha xestión máis sostible e creemos que podemos reducir os tratamentos nun 20 ou 30 %», añadió Tubío. Sobre este tema han puesto en marcha un proyecto de investigación con una universidad de Cataluña.

La segunda posibilidad que le ofrecen los drones se refiere a la clasificación de la vendimia. Gracias a la foto, saben qué tipo de uva tienen en cada una de las parcelas y, de esta forma, ordenan la recogida en función del tipo de vino que van a elaborar. Este sistema ya está implantado en la bodega desde hace algunos años y con él trabajan también los viticultores. La tercera aplicación de los drones es que estos podrán utilizarse también a la hora de diseñar nuevas plantaciones, para instalar, por ejemplo, diferentes sistemas de riego en función de las necesidades que va a tener el viñedo.

Pero no solo estos aparatos voladores tienen aplicaciones en el mundo de la viticultura. En la Universidad de Valencia llevan seis años trabajando con robots que permiten tomar datos del viñedo. Su idea es sencilla. Recopilar información para conocer, por ejemplo, el estrés hídrico de la planta es un proceso laborioso y que precisa de mucha mano de obra. Pero, al mismo tiempo, es necesario para poder anticiparse a los tratamientos que precisará la planta. «La idea es automatizar la toma de información para que podamos aplicar más ágilmente esos tratamientos», explicó Francisco Rovira, profesor de la Universidad de Valencia y portavoz del proyecto Winescout, financiado por la Unión Europea.

«Queremos que esta tecnología tenga el mismo grado de dificultad que un teléfono móvil», explicó Rovira

Su trabajo comenzó por conocer cuál era la información que le interesaba obtener a los viticultores y, en un principio, lo que la bodega demandaba era conocer el estrés hídrico de la planta. Así que diseñaron un robot que puede medir la temperatura de la hoja y otros parámetros que permiten concluir cuál es el estrés hídrico de la planta. Uno de los objetivos de su proyecto era que toda la información obtenida pudiera ponerse en una serie de mapas que fueran fácilmente interpretables por los viticultores para que, en base a esa información, pudieran tomar decisiones de tratamiento. «Queremos que esta tecnología tenga el mismo grado de dificultad que un teléfono móvil», explicó Rovira. También, que pueda ser competitiva en precio, para que realmente pueda ser utilizada por los agricultores. «El robot permite al viticultor disponer de información para tomar decisiones y hacer un vino más a gusto del consumidor», aseguró Rovira. Es la inteligencia artificial, esa que vemos en las películas, que ya se puede poner al servicio de la viticultura.

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