Esta uva se vende solo con contrato

El ministerio publica un documento homologado para regir las transacciones entre bodegueros y viticultores, una práctica cada vez más extendida en el sector gallego

Hace unas semanas, el Ministerio de Agricultura publicaba en el Boletín Oficial del Estado un contrato homologado para la venta de uva. La medida estaba destinada a facilitar al sector un documento que cuenta con reconocimiento institucional y que quiere servir para ordenar las transacciones entre viticultores y bodegueros. En Galicia, cada vez son más los que recurren a este sistema, aseguran los sindicatos agrarios. Y es que está comprobado que solo tiene ventajas.

«Dende que se aprobou a lei da cadea alimentaria, os contratos son obrigatorios e cada vez están máis implantados», explica Samuel Lago, de Unións Agrarias. Esta formación lleva años luchando para que se liguen las subvenciones a las bodegas con la firma de contratos por parte de estas. Y lo ha conseguido. «Queremos que se lle dea máis puntuación ás adegas que teñen contratos. A lei deste ano saíu así», explica. «En xeral están funcionando moi ben. O 90 % das adegas os están utilizando», añade Julio Reboredo, de la Asociación Agraria de Galicia. Ambos sostienen que es en la denominación de origen Rías Baixas donde más implantado está este sistema. En otras regiones, como Valdeorras, van un poco más lentos. «As adegas máis grandes ou as que son de xente de fóra si que están traballando con contratos. Á xente de aquí de toda a vida cústalle máis», reconoce María Eugenia Medina, portavoz de Asaga en Ourense.

Las organizaciones sindicales tienen claro que estos documentos tiene muchas ventajas, tanto para los viticultores, como para los bodegueros. La primera, la estabilidad. «Son unha garantía de prezo para os viticultores», insiste Lago. «Son bos para os dous lados. Para que as adegas poida esixir aos viticultores unhas determinadas características da uva e para que os viticultores saiban o prezo que van percibir», añade Medina.

Otra ventaja de estos documentos es que permiten a los viticultores cobrar por su cosecha mucho antes de lo que solían hacerlo. Es cierto que a ello están ahora obligadas por ley las bodegas. Pero es que, hasta hace unos años, «os viticultores financiaban ás adegas», asegura Reboredo. Y es que el viticultor entregaba su cosecha entre septiembre y octubre y no cobraba hasta el año siguiente. «Agora, as adegas pagan unha parte en vendima e a outra antes de finais de ano», asegura Lago.

La mayoría de estos contratos tiene una duración de varios años, dependiendo de los intereses de los implicados. Fijan, además, un precio para la uva en función de la calidad de la misma y la obligación de pago de las bodegas. La ley dice que, actualmente, toda la venta de uva se tiene que regir por estos documentos pero la realidad es que todavía quedan bodegas y viticultores que se resisten a esta práctica. Por fortuna, son ya los menos.

 

«Xa non estou pendente de a quen lle venderei a uva»

M. Alfonso

Rosa González, viticultora en la denominación de origen Rías Baixas

 

Rías Baixas es una de las denominaciones gallegas donde la práctica de los contratos está más extendida. Rosa González, por ejemplo, lleva ya doce años vendiendo su uva utilizando este tipo de documentos. «Primeiro facíanme contratos por dous anos, agora xa son por tres», cuenta. Su marido es cooperativista y los contratos han permitido que ella se convierta en colaboradora de esa misma bodega. «Agora xa sei a quen lle vou vender a uva, xa non estou pendente de a quen lle venderei a colleita», afirma.

Rosa tiene claro que los contratos solo tienen ventajas. Porque, además de la seguridad que le da saber a quien le va a vender su cosecha cada año, «agora xa sei o prezo que vou percibir é sei que a final de ano xa teño os cartos na man». Esta viticultora de Cambados es una veterana en el cultivo de la uva y reconoce que los contratos no son tan sensibles a los cambios de precio. Así, su cosecha no vale más en años de escasez, «pero tampouco baixa» cuando hay demasiada producción. «Contentísima, eu estou contentísima cos contratos», concluye.

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«É unha seguridade para nós e para os adegueiros»

Vicente Sabín, viticultor en la denominación de origen Valdeorras

Trece años lleva ya Vicente Sabín, viticultor en la denominación de origen Valdeorras, vendiendo su cosecha mediante un contrato. El primero que firmó tenía una duración de diez años y ahora está sujeto a otro por cinco campañas más. «Claro que estou contento», responde en cuanto se le pregunta. Tiene muy claras las ventajas del sistema: «É unha seguridade para nós e para os adegueiros», sostiene.

«Recollen toda a colleita e o prezo está estipulado», explica Vicente. Pero si, además, «das cunha boa persoa, como me pasou a min, que te supera o prezo do contrato...», argumenta. Y es que en esta denominación gallega las cosechas de los últimos años no han sido muy abundantes por las condiciones meteorológicas. Así que la godello está muy bien pagada y ha bodegueros, como el que contrata a Vicente, que no han dudado en mejorar el precio que figuraba en los contratos. Otra de las ventajas es que «cobramos nun prazo de trinta días» cuando antes los viticultores debían esperar casi un año para que le abonaran la uva vendida. 

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