Alberto Ouro: «La autotaxina se perfila como una nueva diana terapéutica para frenar los ataques de migraña»

Raúl Romar García
R. Romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

El investigador del IDIS Alberto Ouro, que acaba de ser reconocido por la Asociación Americana de Migraña
El investigador del IDIS Alberto Ouro, que acaba de ser reconocido por la Asociación Americana de Migraña IDIS

El estudio del investigador Miguel Servet en el IDIS de Santiago ha sido elegida como la mejor publicación científica del año por la revista científica de la Asociación Americana de Migraña

05 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Dolor de cabeza intenso, con episodios que se pueden prolongar de cuatro a 72 horas, acompañados de náuseas, vómitos y una sensibilidad extrema a la luz y a los sonidos. Son algunas de las causas de la migraña, una de las enfermedades más incapacitantes y para la que aún no existe un tratamiento realmente eficaz que beneficie a todos los pacientes. El más común, los anticuerpos monoclonales anti-CGRP, son una alternativa eficaz, pero ante los que no responden la mitad de los pacientes. Una terapia generalizada y una mayor comprensión de la patología quizás aún esté lejos, pero uno de los estudios más prometedores para avanzar en este camino ha sido el que tiene como primer autor al investigador Miguel Servet del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) Alberto Ouro (Bilbao, 1984), que acaba de ser galardonado con el Premio a la Mejor Publicación Científica del Año 2025 por la revista Headache de la Asociación Americana de Migraña. Su hallazgo, coordinado de forma multidisciplinar por el Grupo de Cefaleas, dirigido por Rogelio Leira, y el de Neuroenvejecimiento, liderado por Tomás Sobrino, identifica una enzima que no solo explica por qué la migraña afecta más a las mujeres, sino que se relaciona con la fisiopatología de la enfermedad, por lo que se perfila como una potencial diana terapéutica.

-¿Qué significa para ustedes que la Asociación Americana de Migraña haya elegido su trabajo como el mejor del año?

-Fue una sorpresa absoluta. No es un premio al que uno se presente, sino que la asociación evalúa todos los papers publicados en el campo de la investigación clínica y básica y elige los más excelentes. Para nosotros es un prestigio enorme, porque Headache es una revista de referencia. Este premio conlleva, además, una charla invitada en el congreso anual en Orlando para exponer nuestros resultados.

-Ustedes han puesto el foco en una enzima llamada autotaxina. ¿Qué implicaciones tiene en la migraña?

-Observamos que la autotaxina está aumentada en la sangre de pacientes con migraña, tanto en la forma episódica como en la crónica, en comparación con personas sanas. Esto es crucial por dos motivos. Primero, porque la autotaxina es fisiológicamente más elevada en mujeres que en hombres, lo que ya se había observado en estudios previos y que encaja con el hecho de que la gran mayoría de pacientes migrañosos sean mujeres. Segundo, porque ya se sabe que niveles altos de esta enzima se relacionan con daños en los nervios y patologías de dolor. En nuestro caso fue la primera vez que se demostró que los niveles de autotaxina en pacientes con migraña, tanto episódica como crónica, están elevados, lo que implica que esta encima está implicada en la fisiopatología de la enfermedad, que existe una conexión directa.

-¿Qué relación tiene esta enzima con el sistema trigeminovascular, el mecanismo del dolor por decirlo de forma sencilla?

-Hoy en día se desconoce cuál es en sí el origen de la enfermedad. En nuestro laboratorio trabajamos en la relación entre la vasculatura y el nervio trigémino. Aunque se desconoce el motivo exacto de la migraña, se sabe que es una reactivación de este nervio. Existe un ciclo: los vasos sanguíneos cercanos activan al trigémino y el nervio, a su vez, activa la vasculatura, estimulando la señal del dolor. La autotaxina parece ser una pieza clave en este engranaje de activación.

Los investigadores del IDIS Tomás Sobrino, Alberto Ouro y Rogelio Leira, que han descrito un nuevo mecanismo de acción de la migraña
Los investigadores del IDIS Tomás Sobrino, Alberto Ouro y Rogelio Leira, que han descrito un nuevo mecanismo de acción de la migraña IDIS

-Actualmente el tratamiento estrella se centra en una molécula llamada CGRP, pero no siempre funciona...

-Los tratamientos actuales contra el CGRP solo benefician a un 50 % de los pacientes. El otro 50 % no responde. Aquí es donde entra nuestro hallazgo: queremos saber si la autotaxina es la responsable de esa falta de respuesta. Si un paciente tiene niveles muy altos de esta enzima y no responde al fármaco convencional, la autotaxina se convierte automáticamente en un biomarcador de pronóstico de la gravedad de la enfermedad y en una nueva diana terapéutica sobre la que actuar.

-Entonces, ¿sería el objetivo para nuevos fármacos?

-Así es. Por un lado actuaría como un biomarcador de pronóstico. Si detectamos que está muy alta, podemos predecir si el paciente va a sufrir una cronificación de la migraña (pasar de tener pocos episodios a más de 15 al mes). Y, lo más importante, si confirmamos su implicación, el siguiente paso será buscar moléculas que modulen o silencien la actividad de esta enzima para reducir o revertir los episodios de dolor.

-El Ministerio de Ciencia acaba de otorgarles una ayuda para profundizar en su investigación. ¿Cuál es el siguiente paso en el laboratorio?

-Queremos analizar en modelos in vitro y pre-clínicos la implicación de la autotaxina y ácido lisofosfatidico (su producto) en los procesos moleculares implicados en la migraña. El objetivo es determinar la implicación bioquímica exacta y ver si modulando la enzima podemos frenar los ataques. En ciencia nunca se para: cuando encuentras algo, siempre surge una nueva pregunta.

-¿Por qué sigue siendo una enfermedad tan misteriosa?

-Es una situación muy compleja. En algunos pacientes desaparece sin saber por qué, en otros se cronifica... El hecho de que los mejores tratamientos actuales solo funcionen en la mitad de la población indica cuánto trabajo queda por delante. Pero este hallazgo nos permite ser optimistas para avanzar hacia soluciones personalizadas en el futuro.