Un estudio pionero revela por primera vez que los organismos que carecen de cerebro descansan para proteger su ADN, lo que revela que el sueño es un mecanismo ancestral de defensa que surgió hace miles de millones de años
28 ene 2026 . Actualizado a las 17:01 h.Durante siglos, la comunidad científica ha creído que el sueño era una necesidad exclusiva de los seres dotados de sistema nervioso. Sin embargo, un estudio pionero liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE) —centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra (UPF)— ha demostrado que los corales también duermen, a pesar de carecer de cerebro y neuronas. La investigación, realizada íntegramente en vivo en los arrecifes de la isla de Curazao, en el Caribe, revela que estos «arquitectos del océano» descansan aproximadamente ocho horas cada noche, siguiendo un patrón biológico muy similar al de los seres humanos para recuperarse del desgaste diario.
Este fenómeno se explica por la compleja relación de simbiosis que el coral mantiene con el alga Breviolum, la cual habita en el interior de sus células. Durante las horas de luz, el alga realiza la fotosíntesis y proporciona nutrientes vitales al coral. Sin embargo, este proceso genera de forma colateral compuestos reactivos de oxígeno que dañan el material genético del huésped. Según explica Javier del Campo, investigador principal del IBE y profesor en la Universidad de Miami, el sueño es el mecanismo que permite al coral reparar su ADN dañado por sus propios simbiontes mientras estos interrumpen su actividad fotosintética al caer el sol. «Por la noche, los corales reparan el ADN dañado por sus simbiontes». corrobra.
Para captar este ritmo circadiano, el equipo científico realizó inmersiones cada seis horas durante tres días a unos cinco metros de profundidad, analizando por primera vez in situ la expresión de los genes tanto del coral como de su microbioma. Los resultados confirmaron que, mientras el coral entra en un estado de letargo para activar sus mecanismos de reparación de tejidos, sus microbios se mantienen activos y estables sin necesidad de ese descanso prolongado. Este hallazgo sugiere que el sueño es una estrategia evolutiva mucho más antigua y exitosa de lo que se pensaba, por lo que ahora se piensa que pudo haber surgido hace miles de millones de años para facilitar la convivencia entre diferentes especies que evolucionaron juntas.
Más allá de la curiosidad biológica, este descubrimiento tiene implicaciones directas en la conservación marina y la lucha contra el cambio climático. Bradley Allen Weiler, primer autor del estudio, destaca que comprender mejor la fisiología del coral permitirá orientar de forma más precisa las políticas de restauración de arrecifes que se cultivan en laboratorios para su posterior reintroducción en el mar. «Ahora comprendemos mejor la fisiología de los corales, considerados los grandes arquitectos de los ecosistemas marino», comenta Weiler. La investigación también puede ayudar a entender cómo los microorganismos influyen en la respuesta de los animales al cambio climático.
El estudio confirma que el sueño es un mecanismo ancestral, presente desde los primeros animales hace miles de millones de años, y que sirve para reparar el ADN y los tejidos dañados durante la actividad diaria. «A menudo pensamos que solo los animales con cerebro necesitan dormir, pero todos los seres vivos deben repararse de alguna manera. Establecer un ritmo interno que lo facilite ha sido una estrategia evolutiva muy antigua y exitosa», añade del Campo.
Por primera vez, se ha demostrado que el sueño también pudo ser clave para mantener relaciones entre especies que evolucionaron juntas. «Este estudio nos invita a repensar las relaciones simbióticas de la naturaleza y a valorar el papel esencial que han tenido a lo largo de la historia evolutiva hasta hoy», concluye del Campo.