Xurxo Gago, el biólogo aventurero que explora cómo sobreviven las plantas en climas extremos

Raúl Romar García
R. Romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

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Lidera un proyecto en la nueva campaña en la Antártida que podría mejorar los cultivos agrícolas en un contexto de cambio climático

18 ene 2026 . Actualizado a las 14:51 h.

«Sempre fun moi de monte, de aprender cousas e de aprender da natureza». Xurxo Gago (O Castelo, A Pobra, 1981) se confiesa un afortunado porque ha podido convertir su pasión por la naturaleza, la aventura y el conocimiento en su trabajo. Una trayectoria que inició de adolescente con su participación en la ruta Quetzal que lo llevó a la selva venezolana y que continuaría con su licenciatura en Biología por la Universidade de Vigo antes de incorporarse como profesor de Fisiología Vegetal en la Universidad de las Islas Baleares.

Desde entonces ha recorrido los lugares más inhóspitos y fríos del planeta para estudiar cómo las plantas se adaptan a los climas extremos. Ha estado en los Andes; en el Himalaya; en la cordillera de Karakórum -entre Pakistán, India y China-; en Groenlandia; en el Ártico, en Svalbard; en la Patagonia… y en la Antártida.

El continente helado será, precisamente, el objetivo de su nuevo proyecto que lidera, junto a Javier Gulías, enmarcado dentro de la nueva campaña antártica española, financiada por el Ministerio de Ciencia, Educación y Universidades, y a la que también se han sumado dos colaboradores de la Universidad de Bohemia del Sur (República Checa). En su caso, sin embargo, en esta ocasión no se desplazará al continente blanco, en el que ha estado en otras tres expediciones anteriores. 

¿El objetivo? Conocer cómo dos plantas únicas -el clavel y el pasto antártico- resisten a temperaturas gélidas, a los vientos helados y a la escasez de nutrientes con los que alimentarse. O, lo que es lo mismo, son dos organismos modelo para comprender cómo la vida logra adaptarse a los límites del planeta. Es un proyecto que encaja como un guante con la línea de investigación que el biólogo gallego ha seguido en los últimos diez años.

 «A Antártida é un continente do tamaño de Europa, pero soamente hai dúas especies de plantas superiores que son capaces de sobrevivir nun ambiente tan extremo como é o continente branco, o máis frío e seco do mundo. Teñen unha capacidade sorprendente, non só de sobrevivir, senón tamén de reproducirse», explica el investigador de A Pobra. Determinar qué mecanismos fisiológicos están detrás de esta sorprendente aclimatación ofrece algo más que un simple afán de conocimiento, que tampoco sería desdeñable. También puede ofrecer las claves para comprender cómo las plantas de uso agrícola pueden adaptarse a unas condiciones que serán cada vez más hostiles y mudables como consecuencia del cambio climático.

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Es más, este conocimiento y su posterior aplicación podría, por ejemplo, mejorar la producción de patatas en Galicia y evitar pérdidas de cosechas ante heladas inesperadas y fuera de temporada o sequías prolongadas. «O que se busca nas plantas -apunta Gago- non é só que producan moito, senón que toleren e sexan máis resistentes ás condicións atmosféricas adversas. E as plantas antárticas o que nos están contando é a súa historia, de como fan para sobrevivir en ambientes extremos. De elas poderemos aprender para aplicar tecnoloxías e metodoloxías que permitan aos nosos cultivos ser máis tolerantes ao clima».

El proyecto antártico presenta, además, una vertiente más de carácter ecológico: constatar o no si la Antártida está reverdeciendo, tal y como avanzan los datos proporcionados por satélite.

Aunque sorprendente, lo que ocurre en la Antártida o en el Ártico no es diferente a lo que sucede en otras zonas extremas del planeta, como la Patagonia, el Himalaya o la cordillera de Karakorum. Son los conocidos como los desiertos fríos y secos del planeta. «Nestes ambientes os solos son moi pobres. Non teñen nutrientes e, apenas teñen auga, porque a que hai está conxelada. E o máis sorprendente é que para adaptarse as prantas teñen un período de crecemento moi curto», expone Gago.

No fue la única sorpresa. En el Himalaya el biólogo barbanzano y sus colaboradores midieron el proceso de fotosíntesis de las plantas a una altura de 5.400 metros, el récord absoluto hasta el momento.

Pero trabajar en estos escenarios es todo menos algo rutinario. Las condiciones son muy duras. «É complicado -admite Gago- porque estás nun sitio no que tes a metade de osíxeno dispoñible e séntaste fatal, super cansado e con dor de cabeza. E o problema xa non é que non sexas capaz de andar, senón que non eres capaz nin de pensar. Pequenas cousas como facer anotacións nunha libreta volvense dramas pola limitación de osíxeno».

El fuerte y repentino contraste térmico es otro de los condicionantes. «No verán da Antártida podemos pasar dun momento para outro dunha temperatura de cinco, sete ou outro grados a outra de -8 con unha sensación térmica de -18 polo forte vento ou pasar cinco días nevando sen parar».

Y es en este entorno extremo y cambiante cuando surgen los pequeños milagros de la biología: las plantas que empezaban a florecer logran sobrevivir trasel deshielo después de quedar varios días sepultadas por la nieve. «En calquera outro lugar estarían mortas», exclama Gago, que en cada uno de esos momentos mágicos redescubre su fascinación por la naturaleza.