Imanol Arias, Elena Anaya y la sombra de la psicopatía familiar: así es «Innato»
SOCIEDAD
Fran Carballal y Enrique Lojo firman un «thriller» centrado en lo psicológico que explora la búsqueda de identidad y hasta qué punto quiénes somos lo marcan los genes o el contexto
07 ene 2026 . Actualizado a las 08:31 h.«Eres buena persona». La frase con la que un joven Félix Garay se despide de su hija antes de ser detenido se queda ahí, retumbando, reverberando a lo largo de los ocho capítulos en los que Fran Carballal y Enrique Lojo intentan responder, si es que acaso es posible, a si lo que somos viene definido por los genes o es moldeado por el contexto.
Innato, el thriller de Netflix creado por ambos coruñeses, es una serie de cocción lenta, donde al final lo que menos peso acaba teniendo es la pregunta típica del género: quién es el asesino. Sara González (en realidad Garay, en realidad Elena Anaya) ha sido capaz de sobrevivir al hecho de que su padre era un criminal, conocido como el asesino del gasoil, al que se le atribuyen varios asesinatos. Hasta que el hombre sale de la cárcel.
Innato habla de identidad. Más bien «del miedo a la sombra de la psicopatía en la identidad de una familia». Innato habla de culpa, de castigo y de perdón, pero sobre todo de qué es heredado y qué es aprendido. Si el modo en el que partimos una manzana está escrito en el código genético o si es pura imitación. Si los psicópatas nacen o se hacen. Si es posible controlar los impulsos más primarios.
«Nos parecía que aunque tuviésemos la necesidad que impone el propio género, el camino valía más la pena si optábamos por naturalizar el proceso». Porque el asesino, un soberbio Imanol Arias a la altura de una impresionante Elena Anaya, es humano, como humanidad vio Carballal en la casa de un asesino de Rianxo que, cubierta de pintadas, conservaba objetos familiares. Aquel hombre tenía una hija que adoraba a su padre. Como Sara quería a Félix. Y porque ella, Sara González (en realidad Garay), no ha optado por el camino policial para redimirse, si tiene sentido, de los crímenes cometidos por su padre. Ella ha optado por la psicología.
«Hay herramientas que trascienden lo policial y que tienen que ver con las particularidades de Sara», luchando por no perder el control de su vida cuando alguien, después de que su padre salga de la cárcel, empieza a matar como lo hizo él hace 25 años.
«Es psicóloga porque es su forma de intentar entenderse a sí misma y a su padre», tercia Lojo. Garay es un asesino pero también un padre cariñoso. «La serie no lo juzga, pero tampoco lo justifica», explica Carballal. ¿Un psicópata puede querer? Quizá la pregunta sea otra. Qué es exactamente el amor.
Cuenta Carballal que en el proceso de documentación uno de los referentes que les daba el psicólogo forense era Ted Bundy, un feminicida despiadado que sin embargo había desarrollado apego por una mujer. El otro era James Fallon, un neurocientífico que descubrió que su perfil cerebral era el de un psicópata. Pero jamás había cometido un crimen. Los genes, entonces, ¿no lo son todo?
«Lo bonito es intentar ver los grises entre los psicópatas y nosotros» y de eso habla también Innato. «Sería un éxito para la serie que los espectadores se reconociesen un poco entre personaje de Imanol Arias y conectasen con el asesino», cree Lojo. Los psicópatas no son Ted Bundy o el asesino del gasoil. Están también en las grandes empresas y dirigiendo países. «La serie es un juego permanente de espejos con esa intersección no tan brumosa entre qué es psicopatía y que son momentos perversos», afirma Carballal.
El tormento de Sara se contiene en esa frase que rebota continuamente. ¿Es buena persona? Y ese tormento se traslada también a su hijo adolescente, Sebas. «En los flashback Sara explora su socialización. Ella tiene terror a que ha nacido así, pero lo que contamos es cómo se ha desarrollado» en función de sus propias vivencias. El debate está incluso en la parte formal de la historia.