Australia marca hoy un hito al bloquear las redes sociales a los menores de 16 años
SOCIEDAD
Entra en vigor la ley que contempla multas millonarias para las plataformas. En España, el PP quiere endurecer la norma impulsada por el Gobierno para limitar el tiempo de los menores frente a las pantallas con un toque de queda digital
10 dic 2025 . Actualizado a las 11:20 h.Sus perfiles no desaparecerán —de hecho, pueden ser descargados para no perder publicaciones (imágenes, textos y vídeos) y chats—; simplemente hibernarán hasta que cumplan los 16, cuando las tecnológicas dueñas de las distintas plataformas les notifiquen que pueden recuperar sus cuentas. Desde hoy, los niños y adolescentes australianos de 15 o menos años tienen terminantemente prohibido por ley acceder a las redes sociales. Si burlan el veto, el castigo no recaerá sobre ellos ni tampoco sobre sus progenitores; asumirán las consecuencias los propietarios de estas herramientas que, por la cuenta que les trae —las multas son millonarias—, no parece que vayan a ser laxos en el control. Meta —matriz de Facebook, Instagram o Threads, entre otras— empezó a bajar la persiana de estos jóvenes perfiles ya el miércoles pasado. Además de esas tres plataformas, el Gobierno de Australia ha considerado como «críticas» otras siete más: Snapchat, TikTok, X, YouTube, Reddit, Twitch y Kick. Deja fuera a YouTube Kids, Google Classroom y a WhatsApp.
El oceánico se convierte así en el primer país en materializar este tipo de control para proteger la salud mental de niños y adolescentes, y aunque la intención y su diligencia son loables, el aterrizaje de la norma dará cuenta de su franca viabilidad; hacia allí mira hoy y mirará las próximas semanas el resto del mundo. Para empezar, todas las plataformas —excepto X— se han comprometido a acatar la prohibición; preventivamente, otras no incluidas en la lista negra, como BlueSky, también se han sumado de manera voluntaria a estas buenas prácticas. Sin embargo, el experimento ha arrancado haciendo aguas. Según distintos medios internacionales, los menores están burlando con facilidad las verificaciones de edad.
The Guardian recoge el testimonio de un adolescente de Sídney que mintió al introducir en Snapchat su año de nacimiento. Ni siquiera tuvo que discurrir una sofisticada fórmula para superar el segundo paso, el de corroborar su afirmación con una foto: aportó una real y el sistema estimó que su apariencia era la de alguien de más de 16 años. La BBC, por su parte, se hace eco de la argucia de una niña de 13 años que, para acceder a la misma plataforma, presentó una instantánea de su propia madre. La máquina no solo la dejó «pasar», sino que además le dio las gracias por su agilidad para demostrar su edad.
La norma estipula que son las empresas las que tienen que tomar «medidas razonables» para controlar el acceso a sus interfaces, pero no concreta cómo, por lo que cada plataforma ha habilitado distintas tecnologías que funcionan como barreras, desde identificaciones gubernamentales —adjuntar el DNI— a información bancaria o sistemas de reconocimiento facial y de voz. El primer ministro, Anthony Albanese, confía en el éxito de la medida, pero sabe —tal y como ha reconocido públicamente— que el proceso no será al cien por cien perfecto. En unas recientes declaraciones, comparó la iniciativa con la ley del alcohol: «El hecho de que los adolescentes de forma ocasional encuentren la forma de beber antes de los 18 no disminuye el valor de tener un estándar nacional claro. Lo mismo sucede con esto. El mensaje que se envía es claro».
En Australia hay cinco millones de niños menores de 16 años —un millón entre 10 y 15— que desde hoy no solo se quedarán sin acceso a sus perfiles ya abiertos sino que, además, no podrán crear nuevas cuentas hasta que cumplan los 16. Pero desde la división de juventud de la ONU advierten de que no todo será positivo. La medida, dicen, tendrá también resultados indeseados, porque para muchos adolescentes, especialmente los que forman parte de comunidades rurales, indígenas, del colectivo LGTBI, con discapacidad o en el sistema de acogida, las redes no son un ocio prescindible, sino una infraestructura básica de apoyo emocional, social e incluso una red de seguridad.
En España: un proyecto de ley, en fase de tramitación
El PP quiere endurecer la norma impulsada por el Gobierno con un toque de queda digital
En España, está la intención —la de restringir a menores el acceso a las redes—; la ejecución se aborda desde el pasado marzo en el hemiciclo del Congreso, donde la tramitación del proyecto de ley para la protección de menores en los entornos digitales, impulsado por el Ministerio de Juventud e Infancia, encara su recta final recibiendo las aportaciones de los distintos grupos parlamentarios.
Según expertos en educación, justicia y tecnología, el texto original tiene un considerable margen de mejora. En comparecencia en la Comisión de Justicia, la vicepresidenta de la Asociación Europea para la Transición Digital (AETD), Ana Caballero, rechazó a finales de octubre la autorregulación de las plataformas planteada por el Gobierno. En su lugar, apostó por la legislación específica del «scroll infinito», los cofres de recompensa, la cuantificación de likes y seguidores, las ventanas emergentes y las notificaciones.
¿A qué fórmula quiere recurrir el Ejecutivo para mantener a los niños y adolescentes apartados de las redes? Su idea es modificar de la ley de protección de datos para elevar hasta los 16 años el límite a partir del cual se puede prestar consentimiento para el tratamiento de la información personal, un articulado que el PP ve insuficiente. En una enmienda parcial registrada hace un par de semanas, reclama la implementación de sistemas eficaces de verificación de edad y la incorporación de mecanismos que permitan establecer «un horario de descanso digital», de 22 a 8 horas, tiempo durante el cual los que no hayan cumplido los 16 no podrán acceder a las redes. También propone un nuevo redactado del artículo 143 bis para castigar a quien, mediante estos canales, incite al suicidio de menores.