Un error humano arruina la mayor misión de España en el espacio

El satélite Ingenio se perdió ocho minutos después de su lanzamiento


redacción / la voz

El satélite español SEOSAT-Ingenio se perdió en la madrugada del martes, ocho minutos después de ser lanzado, debido a un fallo en el cohete que lo transportaba. Apenas ocho minutos después de su despegue desde Kourou, en la Guayana Francesa, la nave Vega VV17 se desvió de su trayectoria, poniendo fin a las esperanzas depositadas en la misión. Se trataba del primer satélite 100 % español que se encargaría de observar desde el espacio el estado de los suelos, del agua, del aire, e incluso la contaminación de las ciudades. El cohete, que transporta también al satélite francés Taranis, tenía previsto separar el satélite español 54 minutos después del despegue y soltar el galo a una hora y 42 minutos del lanzamiento.

El consorcio espacial Arianespace atribuyó el fallo a «una serie de errores humanos y no a una cuestión de diseño» del cohete. Según los primeros datos de su investigación preliminar, hubo un fallo en la conexión de los cables en el sistema de control.

Ingenio iba a ser una de las grandes apuestas de la industria aeroespacial española, un proyecto que llevaba más de una década de desarrollo y que iba a proporcionar datos de gran utilidad para la sociedad. Iba, además, a completar el Programa Nacional de Observación de la Tierra por Satélite (PNOTS), junto al otro satélite español Paz, en órbita desde 2018 y gestionado mayoritariamente por el Ejército.

El contratista principal era Airbus Defence & Space España, pero en el consorcio se habían implicado las compañías más importantes del sector en España: CRISA, Deimos Space, GMV, GTD, HV Sistemas, Iberespacio, INDRA, SENER o Thales Alenia Space. El proyecto involucraba a numerosos organismos públicos, entre ellos, el Instituto Nacional de Técnica Espacial (INTA), dependiente del Ministerio de Defensa, que se iba a encargar del control de la misión, de las comunicaciones y del procesamiento de datos.

El INTA iba a tomar el control de la misión tras las fases de lanzamiento y colocación del satélite en órbita, para lo que estaban preparadas las estaciones terrestres de Torrejón de Ardoz y Maspalomas (Canarias), además de una comunicación adicional situada en Svalbard, en Noruega. Ingenio, que se iba a situar a 700 kilómetros de la Tierra, tenía previsto moverse en una órbita heliosíncrona, siguiendo la dirección del sol como un girasol, y desplegar ahí su plataforma hexagonal con tres paneles solares de casi 800 kilos. Así, el satélite daría casi 15 vueltas diarias al planeta.

Lamentando el fracaso de la misión, el ministro de Ciencia, Pedro Duque, rescató el hecho de que «las tecnologías desarrolladas han capacitado a las empresas españolas, facilitando que accedan a nuevos contratos como la recién firmada misión LSTM». Liderado por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), el proyecto costó 200 millones de euros. Fue la primera vez que España diseña y desarrolla un sistema completo espacial. Tanto los contratistas principales como el subsistema, los equipos, los operadores y la explotación comercial son nacionales.

Entre su instrumental de vanguardia destacaba una cámara dual de última generación que podía tomar hasta 600 imágenes al día de la Tierra con una resolución de 2,5 metros. Gracias a esta sofisticada cámara óptica, el satélite habría conseguido monitorizar en tiempo real desastres naturales como inundaciones, terremotos o incendios. Podía apuntar hacia diferentes lados y acceder a cualquier lugar de la Tierra en solo tres días, complementando así la tecnología radar del Paz.

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