Así es ser médico en el rural: «Al ir a sus casas, los vecinos se preocupan primero por nosotros»

Luis González, que dirige el servicio sanitario en Allariz, lleva 30 años en la comarca y no se plantea un cambio


ourense / la voz

Luis González, jefe de servicio del personal sanitario en la comarca de Allariz, lleva los últimos 30 años de su vida trabajando como médico en el rural. No se imagina haciendo otra cosa. «Es vocacional, me gusta esto. Y tuve la oportunidad de pedir un traslado, pero escogí quedarme», cuenta. Desde el centro de salud de Xunqueira de Ambía, donde tiene su consulta, ha podido hacer una radiografía del comportamiento de los vecinos desde que se inició el estado de alarma. «Y han respondido de forma impecable. Entendieron que debían acercarse lo menos posible hasta aquí», indica.

Aproximadamente el 90 % de las exploraciones de estos días las realiza de forma telemática, pero no todas son factibles bajo esta modalidad. «Estoy realizando una media de una visita domiciliaria al día», cuenta. Entre sus pacientes hay quien necesita exploraciones físicas por dolores abdominales, y también personas encamadas con problemas vasculares o alteraciones en la piel. Esto implica que, en ocasiones, hayan seguido desplazándose enfermeros o médicos hacia sus casas.

En Xunqueira de Ambía, donde el último recuento del padrón municipal deja 1.375 habitantes, la cercanía con los vecinos mantiene vivo el vínculo con el personal sanitario. Es una fórmula indisoluble que explica por qué ahora, en plena cuarentena, los habitantes de la zona han seguido las recomendaciones de los profesionales para evitar, en la medida de lo posible, salir de sus casas salvo que sea estrictamente necesario. «Sabemos que la forma de que la epidemia no avance es restringiendo en cierta forma la movilidad. Y los pacientes del rural lo han comprendido. Sigue habiendo casos aislados, como en todas partes, pero la respuesta general es de alabar», explica el facultativo.

El perfil de los vecinos que atiende siempre le interesó. González dibuja un patrón de «pacientes de más edad que en la ciudad, aquejados de patologías crónicas y afectados por hipertensión o diabetes». Ahora, muchos le preguntan que cuándo pasará esto. Otros, tienen la incertidumbre de si el virus llamará a sus puertas. «El ser humano puede llegar a ser muy egoísta. Y ellos son conscientes de que todos debemos cumplir las normas», dice.

El vacío ocupacional

Luis González pone el foco en el tiempo libre de los mayores. Durante los días del encierro, muchos de los vecinos de la comarca de Allariz han dejado de acudir a los talleres de memoria y movilidad corporal. «Y ahí no se les está cubriendo el espacio con alternativas. Es importante para ellos y no solo en su día a día, sino para el resto de su vida», avisa.

La explicación de por qué la mayoría de sus pacientes ha seguido las normas a rajatabla es difusa. «Creo que podría ser por la educación que tuvieron. O quizá por sus vivencias. Saben que estos sacrificios que estamos haciendo tendrán que valer la pena», cuenta. El caso es que Luis, que visitaba días atrás a Brígida Barrio, una vecina de Xunqueira de Ambía que vive en soledad, se topa a diario con personas que, de inicio, aún les preguntan a ellos cómo están. «Al ir a sus casas, la gente del rural se preocupa primero por nosotros», explica. Luis, al marcharse de la casa de Brígida, lo hizo entre ofrecimientos de si quería llevarse algo de caldo.

El control presencial de Sintrom

Entre el perfil de pacientes que sigue acudiendo al centro de salud está el que precisa de controles temporales por el Sintrom. Hay quien lo tiene que tomar de por vida, y en Xunqueira se han puesto en marcha para citar a los afectados en horas en las que haya menos afluencia. «Esto requiere atenciones quincenales, mensuales o semanales. Y al hacer los análisis, a veces tiene que regresar varios días después a vernos a la consulta por si hubiese alguna novedad».

Ante esta situación excepcional, González y sus compañeros optaron por repartir las consultas entre los centros de salud y los domicilios de los pacientes. «De modo práctico, intentamos evitar que acudan aquí dentro de lo posible. Si no, se les cita a una hora cuando sepamos que no va a haber gente, se les realiza el pinchazo en el dedo y en unos minutos se les da el resultado. Y para que no entren, ellos nos avisan cuando han llegado, la enfermera sale con el equipo de protección y así logramos que no vengan dentro».

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