El primer paciente que recibió el alta en el Chuac: «Naces otra vez»

José Ramón Cernadas, uno de los primeros atacados por el covid, se recupera en Feáns. «Ves el mundo de otro modo», asegura

José Ramón Cernadas Prego
José Ramón Cernadas Prego

A Coruña / la voz

José Ramón aspira a centenario, como los alcornoques de Feáns. «Vivo en el jardín de Coruña», advierte, de modo que «sí, probablemente llegue a los 100», medio bromea quien ha hecho un quiebro al coronavirus. «Soy uno más», añade para restar protagonismo a su historia, con la que regala una esperanza entre tanto dolor y solo pretende restaurar la imagen de un pueblo que se coló en los telediarios muy al principio de todo esto. «No somos apestados, Feáns es un paraíso, hay que conocerlo por dentro», reitera.

José Ramón fue el primer paciente que recibió el alta en el Chuac. Un coro de aplausos al abrir la habitación en la que estuvo hasta hace un mes quebró entonces su arrojo. «Me emocioné», dice. Tuvo que reprimirse para no abrazarse a quien lo había sacado adelante.

Dio positivo el 5 de marzo, cuando todavía covid no estaba en el diccionario. Una semana molesto ya lo había llevado antes a la Casa del Mar. «No estaba redondo», resume. Nunca antes había pisado un hospital, cree él que en gran parte por lo que tiene alrededor. Se alimenta de lo que cultiva, hace ejercicio...

Cuando la neumonía lo llevó a la planta 11 del Chuac «aquello fue entrar en la NASA», describe. Asegura que nunca estuvo «muy mal», de modo que en cuanto pudo «les pedí una alargadera para poder andar con el oxígeno» en su reducido encierro. Cuenta también que se dijo a sí mismo: «A mí no me come el coco nada, no puedo defraudar a mi familia, no puedo rendirme». Como la tele se llenó de muerte, decidió silenciarla y con los ánimos de los amigos intentó dejar de sentirse preso estirando sus huesos para ensanchar el horizonte.

El filósofo que le creció en la convalecencia habla de «lo que empiezas a entender» cuando «ves a aquel que se va, el otro que... Fíjate, todos pendientes de si América, si China, las bombas, ¡y llega un bichito y cambia el mundo! Esto es un castigo de la Tierra, nos estamos maltratando y, de repente, salta».

El 23 de marzo se sacudió de encima «una espada a punto de caerte encima», describe, para regresar a los suyos. Con su mujer y su hijo, que también enfermaron, con su hija y nietos. Tras superar lo desconocido, José Ramón sintió «libertad», resume, y «una nueva vida por delante: después de una cosa así naces otra vez a un mundo que ahora ves de otro modo». ¿Y cómo es? «Pues ves el día a día, no mañana o dentro de un año, no; ayer fue lo que fue, hoy es esto y mañana dios dirá», reflexiona en su finca paraíso. Aún no recuperó el peso que perdió, pero ya ha plantado las cebollas y va a por los tomates. «Tengo mi familia, un mundo para disfrutarlo, y voy a hacerlo». Hasta los 100.

«Pocas cosas hay más terribles que el dolor de no poder despedirse»

Mónica Pérez Taboada es la supervisora de una de las primeras plantas que el Chuac dedicó al covid cuando arreció la pandemia. «Los comienzos son siempre complicados», dice. «Estamos muy acostumbradas al contacto directo con el paciente, y este virus te limita mucho», explica sobre un trabajo con sofocantes equipos en el que lo que más pesa no es el traje, sino «la carga psicológica, eso es lo que peor llevas: ver a los enfermos solos, sin su familia, sin que puedan vernos más que los ojos».

No es ninguna novata, lleva casi dos decenios repartiendo cuidados y mimos, y la suya ya era antes del advenimiento del coronavirus una planta dura de finales no siempre felices. Pero asegura que «en mis 19 años, pocas cosas han sido tan terribles como ver el dolor de la gente por no poder despedirse de los suyos». Desde hace un par de semanas ya no es así. Frente al desconsuelo de quienes no pudieron, quiere que sepan que «no nos permitimos que ningún paciente muera solo y de manera indigna, no: nosotras fuimos su familia en esos momentos».

«Nada va a ser igual que antes, a ningún nivel»

«Gran incertidumbre y sentido de la responsabilidad» definen para Mª Jesús Rodríguez Abellón lo vivido hasta ahora con el coronavirus, que, en su opinión, no ha cambiado solo el presente. «Nada va a ser igual que antes, a ningún nivel», opina la médica responsable de atención primaria de Culleredo. Ha visto «miedo» en algunos enfermos, también «mucha gratitud», la «entrega» de los sanitarios y la dureza del aislamiento en casa para el enfermo. El covid ha variado ya la forma de ver a los pacientes y aún quedan «muchas incógnitas». «Vamos a tener que aprender a convivir con todo esto», concluye.

Cristina, farmacéutica de Oza de los Ríos
Cristina, farmacéutica de Oza de los Ríos

«Hacemos dos turnos para no caer todas contagiadas»

Cristina Mesa regenta la farmacia del centro de Oza dos Ríos. El ritmo se ha relajado pero la curva de trabajo se elevó antes incluso de decretarse la alarma. «La gente venía por desinfectante a todas horas», señala Cristina, cuyo negocio tiene anexo una óptica y tienda de ortopedia. En total son seis personas trabajando. «Hemos hecho turnos de tres para no caer todas por si una se contagia», explica Cristina, quien asegura que el comportamiento de los clientes es bueno a la hora de respetar las distancias. «Aunque siempre hay alguno que se apoya en la mampara, y le digo que se puede contagiar», señala.

 

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

El primer paciente que recibió el alta en el Chuac: «Naces otra vez»