«A autocaravana é a miña casa e necesito desprazarme para ter electricidade e servizos básicos»

Carlos Fábregas vive el confinamiento en un hogar móvil que necesita energía para poder ducharse o ver la televisión


Burela / La Voz

Las cosas pueden llegar a complicarse aún más estos días de confinamiento si uno vive en una autocaravana. A las medidas de la alerta sanitaria por el COVID-19 se suman otras vicisitudes como las que afronta Carlos Fábregas Lorenzo, nativo de Fisterra y vecino desde el 2005 de Burela, donde está empadronado en el área de autocaravanas local.

Allí pasa una parte del año, en su vehículo, con el que también viajaba por la Península ibérica o Francia, aunque en invierno huye del Nordés mariñano y prefiere el clima suave de Canarias. Aunque este jubilado del mar -que también ejerció como taxista- reside en Burela, confiesa que a quien más le tiene que agradecer es al Concello de Cervo y a sus trabajadores, que le prestaron ayuda y asesoramiento en pleno confinamiento, dejándole conectar su vehículo a la toma de energía eléctrica del campo de fútbol.

A mediados de marzo aterrizó en A Mariña desde las islas afortunadas para acudir a una consulta médica y se trasladó al área de autocaravanas de San Cibrao (Cervo), concello limítrofe con Burela. Tras decretarse el estado de alarma tenía la opción de buscar otro domicilio (el suyo es la autocaravana) o de solicitar un servicio para dotar de electricidad su vehículo. Recurrió al Concello cervense: «Portáronse moi ben. Indicáronme onde podía enchufar o vehículo para seguir dispoñendo de servizos. A autocaravana é a miña casa e necesito desprazarme para ter electricidade e servizos básicos». En el área de San Cibrao estuvo unos diez días hasta que se personó una patrulla de la Guardia Civil que le invitó a dejar el lugar en una hora, explica Fábregas. Asegura que de inmediato se trasladó al área de autocaravanas de Burela. «Pasaron tres ou catro días e estábame quedando sen enerxía. Na área de Burela non hai subministro, polo que chamei ao cuartel para saber se podía desprazarme á casa dun amigo ou a algún outro punto para poder conectarme á electricidade». Afirma que le indicaron que lo ideal sería que comprara una batería, solución que él no cree la más idónea porque seguiría pendiente de tener que disponer de electricidad para que la bomba funcione y tener ducha o televisión.

Sin apenas reservas de energía y con la restricción de desplazarse, llamó al Concello el martes 31 y al no poder contactar con el regidor, decidió al día siguiente personarse en su despacho: «Era unha situación de emerxencia». Allí le expuso su caso y, tras varias consultas, le indicó que podía desplazarse a una gasolinera próxima. «Estiven 4 ou 5 horas enchufado e volvín á área», indica. Allí sigue, entregado a la lectura y pendiente de cuando se agote la reserva de energía.

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