El COVID-19 lo cambió todo. Personas de diferentes sectores explican cómo sus vidas dieron un vuelco de un día para otro
01 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Solo los hombres de mar sienten cosa semejante. Ver cómo nadie te rodea. Trabajar o ir a buscar la prensa en algunas calles debe de ser algo parecido a eso. Y para eso, nadie estaba preparado. Los autónomos se aburren en casa. Y sus familias se desesperan de verlos aburridos, con las manos en los bolsillos y los bolsillos vacíos. Los empresarios hacen malabares y la mayoría de los trabajadores se han quedado sin empleo y no saben hasta cuándo.
Se hable con quien se hable, sea de derechas, de centro o de izquierdas, de la acera política de la alcaldesa o de la contraria, coincide en que esto es terrible. Lo es ahora con las muertes e infectados y lo será después con la libreta de ahorros del hombre corriente y con las cuentas de las empresas. Sean del tamaño que sean. Nadie se vacunó para esto. Ni para el sufrimiento de no poder despedirse de un padre, un hermano, un amigo o una abuela. Ni para el esfuerzo titánico de los sanitarios. Ni para las emociones de salir a las ventanas a aplaudirles o llevar la compra a la vecina que no puede levantarse. Ni siquiera para estar enclaustrado en casa, siendo los coruñeses de pasear por los Cantones e ir al bar de siempre.
Sanitarios. Médicos, enfermeras y auxiliares, en primera línea. Son los que más expuestos están y los más dispuestos a seguir estándolo. No hay aplausos que lleguen. Ejemplos como el de Ricardo Aguirre, médico del Chuac que ha estado en cuarentena y tras el aislamiento ha vuelto a la primera línea de fuego: «Tenía ganas de volver para sentirme útil. Estar en casa sin tener nada mientras los demás se dejan la piel… es difícil». Marta Lema es enfermera y cuando vuelve a casa por las mañanas no puede abrazar a sus hijos: «Es duro lo que vivimos en el hospital y es duro lo que vivimos en casa», afirma.
Los que nos cuidan y nos ayudan
Policías, barrenderos, conductores, personal de entidades benéficas o de residencias... Son los que están en la calle. Con miedo o sin él, no han bajado la guardia. A riesgo de ser contagiados -hay policías y guardia civiles que han dado positivo-, se las ven y desean para mantener el orden y servir de escudos humanos. Contaba este lunes un empleado de la residencia de mayores Concepción Arenal, unas instalaciones en las que se dieron dos positivos por COVID-19 la pasada semana, que la plantilla ronda las 40 personas pero ahora se vio «gravemente» diezmada debido a las numerosas bajas. Desde que se decretó la alerta sanitaria, ya son más de 10 los que no pueden ir a trabajar. Se trata, sobre todo, de «empleados mayores con patologías». A todo ello, se sumaron más obligadas «por estrés y ansiedad».
Contagiados. La cuarentena. Hubo gente que dio positivo y dijo que «había tenido peores resacas». Otros, en cambio, «fue muy duro». Elena López es fisioterapeuta y regresó de Madrid cuando todo empezaba. A los pocos días empezó a encontrarse mal, avisó a los servicios sanitarios, que acudieron a su casa y detectaron que en su cuerpo había entrado el virus. «Me dolía todo el cuerpo, fue una de los peores momentos que he pasado en mi vida», recuerda quien estuvo diez días metida en su habitación.
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El sector estratégico . Tiendas, quioscos, supermercados... Tras los primeros días de acopio de productos básicos, las áreas o tiendas de alimentación han visto reducido el número de clientes e incrementado las medidas sanitarias. «Creo que aquellas largas colas que hubo cuando se anunció el estado de alarma fueron muy peligrosas», relata una cajera de una gran cadena de supermercados. Ya con más calma, lo que hoy le llama más la atención es ver como «hay gente que baja todos los días, y los hay que dos o tres veces, a comprar un único producto».
Empresarios. Incertidumbre y miedo. Antonio Fontenla, presidente de la Confederación de Empresarios, califica de «absoluto desbarajuste» el último decreto, una «improvisación» en la aplicación de las nuevas restricciones. También desde la Cámara de Comercio mostraron su «gran preocupación» por el modo en que se está llevando a cabo el cese laboral. Ambas entidades censuraron una decisión adoptada «de forma unilateral», ya que abogaban por un «cierre ordenado de la actividad productiva» para limitar los daños económicos, y reclamaron otra moratoria, pero del cobro de impuestos, tasas y cotizaciones durante el estado de alarma.
Autónomos. Asfixiados. Lo que está pasando Antonio Marcos es lo que están pasado cientos de autónomos. De familia numerosa, su esposa no trabajaba. Vivían de su restaurante. Ahora cerrado. Cero ingresos y muchas bocas que alimentar. Y esto es lo que le ocurrió cuando se fue a interesar por las ayudas que promete el Gobierno: «Cuando les expliqué mi problema, que no podía hacer frente al alquiler del local, a los impuestos, a los proveedores..., me contestaron que si quería algún tipo de subvención, antes tendría que estar al día con la Agencia Tributaria». Ante esta situación, «¿pago el alquiler y los impuestos, o doy de comer a mis hijos?». No hace falta respuesta. También son autónomos los abogados. Rubén Veiga, socio del despacho Xeito Abogados, señala que han tenido que reinventarse. «El ciudadano busca respuesta inmediata a sus inquietudes económicas, laborales y personales agravadas por las novedades normativas e información que no cesa. En el despacho hemos estructurado las medidas necesarias para garantizar la atención y ayuda, teniendo una atención telefónica y por correo electrónico permanente, facilitada por la previa digitalización de toda la documentación».
Empleados. ERTES, paro o teletrabajando. David terminó ayer mismo su contrato. No lo renuevan y se va al paro. Dice que se podrá a buscar trabajo. Que en estos momentos es como pescar en el bache de una carretera mojada. Candela Cruz teletrabaja «con los niños encima». Y Saúl se confinó con un ERTE. Dice que no puede dormir, que sabe que su empresa «no superará el bache y terminará cerrando.
Familias numerosas. Cuando viven diez bajo el mismo techo. Luis Sánchez, presidente de la Asociación Gallega de Familias Numerosas, reconoce que para ellos la situación «es mucho más complicada». Pero también ve cierta ventaja respecto al resto, pues en sus casas «reina el orden». Explica que los hijos, desde pequeños, «asumen todas las tareas y se reparten esfuerzos». En cuanto a la situación económica y sanitaria de estos momentos, «la lucha es diaria». No es lo mismo que un parado alimente dos bocas que siete. O que pague la residencia de uno que esté estudiando fuera a tres. O que de un día para otros se les prive del bono comedor...