Los microbios de la Reconquista

En el año 1809, las tropas invasoras del mariscal Soult cayeron víctimas de las fiebres tercianas, lo que contribuyó a la victoria final de los vigueses


Vigo

Este fin de semana habríamos celebrado la Reconquista, la gran fiesta civil de Vigo, pero hemos sido derrotados por un virus, un enemigo minúsculo en tamaño y mayúsculo en devastación. Pero curiosamente, hace ahora algo más de dos siglos, en 1809, un microbio fue nuestro aliado. Porque las fiebres que afectaron a las tropas de Napoleón en Galicia contribuyeron a la victoria de los vigueses.

Sabemos que los soldados galos llegaban enfermos aquel invierno de comienzos del siglo XIX por la gran cantidad de hospitalizaciones y muertes que se produjeron en Vigo durante los dos meses de ocupación de la villa, entonces convertida en un gran hospital, donde quedaban encamados los enfermos de la retaguardia del mariscal Soult.

El convento de San Francisco, en O Berbés, tuvo que ser acondicionado como sanatorio. En las dos primeras semanas de ocupación, se contaron 22 franceses muertos por altas fiebres. Fueron enterrados en el Areal. Y, aunque no se conoce su dolencia concreta, tras caminar a marchas forzadas, en diciembre y enero, desde Madrid a Galicia, bajo la nieve, en uno de los más crudos inviernos de los que hay crónicas, la gripe es la primera candidata en esta guerra microbiana.

En febrero, están documentadas las penalidades del ejército de Soult para cruzar el Miño hacia Portugal. De Arbo a A Guarda, los paisanos queman todas las embarcaciones disponibles. Y la División Heudelet es enviada río arriba, hasta Ourense, a buscar un paso seguro. El río llega crecido y, además, todo el Sur del Reino está azotado por un temporal terrible. Las crónicas hablan de cientos de soldados franceses que caen enfermos y que mueren en medio de altas fiebres.

También está documentado que los franceses que ocuparon Tui cayeron víctimas de la enfermedad, que fue identificada como «fiebres tercianas», un subtipo de peste. Otros cronistas señalan al tifus, unido a la gripe propia de la estación. Algunos autores afirman que en Tui se desató una auténtica epidemia, una enfermedad no descrita que estaba afectando a la guarnición gala de la ciudad y que «heredaron» sus vecinos a la salida de los galos. Ávila y La Cueva narra de este modo la insalubridad que dejaron los franceses: «Como Tui y otros varios pueblos del Obispado quedaron infectados de la epidemia que había entre los franceses, se encendió tal contagio en ellos qué era innumerable la gente que moría; en esta ciudad, tanto antes de marchar aquellos como después, causaba admiración ver los muchos que fallecían; y según resulta por las partidas de defunción extendidas en el libro de difuntos, murieron en la parroquia de la ciudad 370 personas». El autor cree que las cifras reales serían aún mayores: «Quien sabe los más que morían y que no les extendían partidas? Porque en aquella confusión y trastorno no es de extrañar quedara alguno sin ellas».

El historiador relata la estampa terrible de aquella epidemia, contando 370 muertos solo en Tui: «La mayor mortandad fue en los meses de marzo, abril, mayo y junio, pues de ellos hubo días de ocho y diez muertos, y en una ocasión vi traer marido y mujer juntos a enterrar. En el número de los 370, no entran los muchos soldados franceses que murieron de aquella epidemia, pues eran tantos los que fallecían que los llevaban en carros a enterrar a los campos, y a estos no los pusieron partidas de defunción».

Así que los microbios también libraron su batalla en Vigo y en toda Galicia durante la guerra de 1809. Porque no hay enemigo pequeño. Como bien sabemos los vigueses de este «Año del Señor de 2020» en el que los cronistas locales del futuro dirán que aquí no se celebró la fiesta de la Reconquista. Pero que, en medio de una tragedia absoluta, no estábamos para festejar nada. Era la última de nuestras preocupaciones.

El convento de

San Francisco en

O Berbés fue acondicionado como sanatorio

Algunos autores afirman que en la ciudad de Tui se desató una auténtica epidemia

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