El Gran Hermano del espacio aéreo

Una gigantesca bola protege un radar que, desde lo más alto de la sierra de Barbanza, sigue los movimientos de cualquier aeronave que sobrevuele territorio español

El Gran Hermano del espacio aéreo Una gigantesca bola protege un radar que, desde lo más alto de la sierra de Barbanza, sigue los movimientos de cualquier aeronave que sobrevuele territorio español.

Ribeira / La Voz

Mientras el común de la ciudadanía duerme plácidamente, un enorme ojo situado en lo más alto del monte Iroite, en el corazón de la sierra de Barbanza, gira de forma incesante, sin descanso, para cerciorarse de que todo está en orden dentro del espacio aéreo español. Es el enorme radar del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 10 (EVA-10), una suerte de Gran Hermano del cielo que sigue los movimientos de cualquier aeronave que sobrevuele el país.

El comandante del escuadrón, Juan José Vázquez Moreira, en el interior del EVA-10
El comandante del escuadrón, Juan José Vázquez Moreira, en el interior del EVA-10

La unidad del EVA-10, perteneciente al Ejército del Aire, funciona en la cima del Iroite desde principios de los años 80. Juan José Vázquez Moreira es el comandante, el director de una orquesta perfectamente engrasada que vela por el correcto funcionamiento del radar. Su responsabilidad no es poca. El aparato, un gigante de diez metros de altura, vigila todo el noroeste peninsular y ellos deben asegurarse de que los sistemas de emisión y recepción de información y las redes de comunicaciones de la base cumplen su cometido.

«A mí me gusta decir que este es un radar rodeado de gente», cuenta el comandante. No bromea. Una veintena de profesionales con una amplia experiencia y preparación se encargan de las tareas de mantenimiento de una herramienta vital para la seguridad nacional. De fabricación española, entró en servicio en el 2004 y es uno de los radares de defensa aérea más avanzados del mundo.

Durante una de las paradas técnicas que se realizan periódicamente, entramos en una enorme esfera, semejante a un planetario, que protege el radar del viento y la lluvia que con frecuencia azotan la zona. Tiene forma de panel gigante, y en movimiento impresiona aún más. Gira sobre sí mismo realizando un barrido de 360 grados en apenas diez segundos.

En realidad hay dos radares, uno primario y otro secundario, que en ese corto espacio de tiempo emiten y reciben señales de todas las aeronaves que se encuentran dentro del espacio aéreo de su alcance.

Proceso instantáneo

Toda esa información se envía instantáneamente a los centros de mando y control, de ahí que dentro de la base haya varias dependencias indispensables para su funcionamiento. Si el radar es el cerebro, la sala de comunicaciones es el corazón que bombea todos los datos recogidos, así que no se puede dejar nada al azar.

De hecho, la redundancia podría ser el lema del EVA-10, porque todo se hace por duplicado, empezando por los sistemas de comunicaciones hasta los equipos energéticos que se utilizan si falla la red eléctrica. Porque el Gran Hermano del Iroite no se apaga nunca, funciona las 24 horas del día los 365 días del año, así que la unidad cuenta con baterías y motores -también por duplicado, por si alguno fallara- que entran en servicio automáticamente evitando que el apagón afecte al radar y a las comunicaciones. «Lo más importante es la pervivencia del sistema», explica el comandante a los pies de la enorme estructura.

Al estar situada a 685 metros sobre el nivel del mar, la unidad necesita ser completamente autónoma en su funcionamiento, y cuenta también con abastecimiento de agua propio y depuradora: «Somos como una miniciudad». Con respecto a esta cuestión, Vázquez Moreira destaca el enorme esfuerzo que realizan para mantener los estándares más altos de gestión ambiental, como acredita el certificado de Aenor que acaban de renovar.

Pero el escuadrón barbanzano no está solo en su importante tarea, sino que existe una red de 22 unidades a lo largo y ancho del territorio nacional. De hecho, sus señales también se solapan, de manera que cuando el radar del Iroite se apaga para realizar las tareas de mantenimiento, otro cubre su espacio aéreo. Porque el Gran Hermano siempre está alerta.

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