Una veintena de percebeiros de la cofradía de Corme se afanan estos días en coger de las rocas uno de los productos más codiciados en las fiestas navideñas
19 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Son las nueve menos diez de la mañana. El termómetro del coche marca tres grados centígrados, pero la sensación térmica fuera es más propia de Burgos o de Huesca que del litoral de la Costa da Morte. A escasos cien metros del improvisado aparcamiento, una veintena de valientes mariscadores saltan y corren por las sinuosas y siempre complicadas rocas, como si de una coordinada coreografía se tratara, en busca del crustáceo estrella de las fiestas navideñas.
La conocida punta de O Roncudo, en Corme (Ponteceso, 5.703 habitantes), es uno de los tramos emblemáticos del litoral. Su particular milla de oro tiene en realidad en torno a tres kilómetros, desde punta Chans hasta casi llegar a Percebellosa. Pero es en el entorno del faro donde se congregan la mayor parte de los percebeiros, que ataviados con traje de neopreno, ferradas en mano y mandiletas amarradas a la cintura, van a la caza y captura de los percebes, ese exquisito manjar de reconocido prestigio nacional.
O Roncudo es al percebe lo que Messi representa en el fútbol: el cinco jotas, la excelencia, la calidad... Con permiso de Cedeira y Aguiño. Turistas y medios de comunicación acuden hasta O Roncudo para seguir las evoluciones de estos valientes y arriesgados mariscadores. Un espectáculo visto desde fuera, que entraña un enorme peligro a pie de roca, que marca la delgada línea entre la vida y la muerte. Una ola traicionera que se convierte en una tumba. Un resbalón inoportuno que acaba en tragedia. Y en el faro hay un par de cruces que recuerdan impertérritas que el mar siempre se cobra su deuda. De una forma u otra.
La cofradía de Corme trata este tramo costero con sumo mimo, tanto que el cabildo solo lo abre seis días al año. Tres en julio y tres en diciembre. Precisamente ayer se dio el pistoletazo de salida a la campaña navideña. Pero fue una jornada ciertamente decepcionante, según apuntaron varios profesionales con el rostro cariacontecido. Iban de un sitio para otro desesperados en busca de las mejores piezas. Se juegan en tres días buena parte de los ingresos anuales y cada segundo cuenta. Y ayer tenían dos horas y media para coger el cupo diario de cinco kilos.
Uno de los puntos de mayor afluencia es A Moa do Medio, un saliente a pie de faro donde el mar embestía de lo lindo, aunque los expertos lo reducían a un simple mar de fondo. Pero un mar de fondo traicionero, que provocó algún que otro susto, aunque por suerte, nada importante. Mientras que los mariscadores se dedicaban a cachear las rocas y a pasar las ferradas, otros ojos, los de los familiares y vecinos, velaban por su seguridad. Al grito de «¡Ola!» o «¡Cuidado!», los percebeiros ponían los pies en polvorosa a zonas más seguras.
Tiempo complicado
Ayer fue un día muy complicado. El mar golpeaba, y bien, contra las rocas, las olas rompían con virulencia en A Moa do Medio, Os Baixos do Roncudo o Pedras Cercadas. Pero ni rastro del producto de calidad de campañas anteriores. Orente Alvite, guarda rural y vigilante de la cofradía, dio algunas claves: «O percebe require de moita auga doce e de moito temporal, un mar que golpee contra as rochas polo nutriente, e dende xullo apenas choveu e o mar estivo moi calmo». Roberto Vidal Pombo, percebeiro de profesión, es de la misma opinión: «A cría non medrou moito e os percebes que quedaron sen coller da campaña de xullo tampouco o fixeron». Eso sí, en el cesto de Roberto y su hermano, Germán, había unas piezas espectaculares. Unas XXL en toda regla: «Tiven que ir a nado ata unha rocha para collelas», comentó casi sin inmutarse.
Ahora toca cruzar los dedos y esperar a las subastas de O Muro: un expercebeiro relató que antes de la crisis le llegaron a pagar por un kilo del mejor crustáceo 250 euros: «Si ahora te pagan 120 euros date por satisfecho».