«A Trump le haría unos mejillones»

Beatriz Sotelo es una de las mejores cocineras de Galicia. En el restaurante con estrella Michelín que codirige hablamos de comida y de más cosas


Beatriz Sotelo (Marín, 1981) es una chica divertida. La típica contertulia con la que te lo pasas bien. Pero además es una de las mejores cocineras de Galicia. En el restaurante con estrella Michelín que codirige hablamos de comida y de más cosas. Nos reímos bastante.

-¿De dónde le viene la afición por la cocina?

-Cuando era pequeña decía que quería ser abogada y forense, que tiene que ver con la cocina porque al final ando siempre con animales muertos. Yo soy de una aldea donde había mucho producto. Cuando había manzanas, había muchas y hacíamos de todo con las manzanas, con las uvas, con el pescado... Cocinaba con mi madre y sobre todo con mi abuela. Recuerdo siempre todo alrededor de la cocina. Cuando fui un poquito mayor no quise hacer una carrera y elegí la hostelería. En cuanto me metí en la cocina ya no pudieron sacarme. Mi abuelo dice que la vocación me viene por él, que fue cocinero en la mili.

-¿Y le enseñó algo?

-No. Solo recuerdo que un día nos hizo de comer a mis hermanas y a mí un arroz a la cubana porque necesariamente nos tenía que dar de cenar. ¡No cocinaba nunca!

-¿Por qué los cocineros famosos son hombres?

-Aunque los mediáticamente conocidos sean hombres, siempre hablan de mujeres después: de su madre, de su abuela o de su tía. No creo que los hombres sean mejores en la cocina.

-Usted fue campeona de España.

-Nadie esperaba que ganara. Fui la primera mujer que ganó ese título. Fíjese que varios de los regalos que me dieron eran de chico. Relojes, por ejemplo.

-¿Le gustan estos programas estilo «Master Chef»?

-Los veo de vez en cuando, pero no me gustan mucho. No se ve el trabajo duro: limpiar la cocina, recoger, empezar desde abajo...

-Se dice que en las cocinas hay mucha tensión...

-Sí, sí. En las grandes cocinas se viven muchas rivalidades, mucha tensión. Son trabajos del momento. De repente llegan veinte personas o cien y les tienes que dar de comer sí o sí. La gente que está sentada solo tiene hambre.

-¿Qué es lo más rico que ha comido en su vida?

-Humm. No hace muchos años, en el restaurante de Ramón Freixa, en Barcelona, un huevo con trufa... (cierra los ojos). Lo recuerdo como exquisito. O la empanada de manzana que hacía mi abuela. Era la hostia.

-Ustedes van contra la tradición del país de grandes comilonas. Platos llenos.

-En Galicia somos de grandes enchentas, pero yo creo que eso es así porque todo gira alrededor de la cocina. Allí era donde sucedía todo.

-Pero la nueva cocina es diferente.

-Ya. «Plato jrande, comida pequena». Yo diría que la gente ya está entendiendo que, aunque sea poca cantidad, si son muchos platos no te quedas con hambre. Y a mí se me nota que hambre no paso, ¿no?

-Si tuviera la oportunidad, ¿qué le cocinaría a Rajoy?

-Pues... un pescado. Una lubina con navajas de Fisterra y rúcula.

-¿Y a Trump?

-Unos mejillones al vapor. Sin más. Para que sepa que con nada lo tienes todo. Eso es Galicia: producto.

-Sus clientes seguro que se lo comen todo. ¿Su hijo también?

-Sí, sí. He tenido mucha suerte. Come muy bien y encima le gusta cocinar.

-¿Y qué tal lo hace?

-No le da mal.

-¿En qué le gusta gastar el tiempo libre?

-Me gusta disfrutar de la familia y de los amigos. Ahora estoy en un equipo de fútbol.

-¿Jugando?

-Sí. Nunca había jugado, pero desde agosto soy la portera del Sporting Cambre. Me encantan las cosas del equipo. No valgo, pero lo hago.

-¿Son veteranos?

-Yo sí. El resto son chicas de 20 años y yo tengo 35, pero no se nota que los tengo, ja, ja. Estoy chiflada. Tengo un niño que juega al fútbol y le encanta. En verano se creó el equipo femenino y me dije: «Pues yo voy». Elegí la portería pensando que era el sitio donde menos iba a correr, pero es donde más corro.

-¿Y se tira?

-¡Vaya! Ya estropeé una rodilla, pero me tiro hasta con los dientes si hace falta.

-¿Qué tal le va al equipo?

-Fatal. Estamos de últimos. No, de penúltimos. Perdemos siempre. Pero con ellas estoy aprendiendo a perder.

-Dígame una canción

-En el muelle de San Blas, de Maná.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La felicidad.

Beatriz Sotelo Cocinera, copropietaria del restaurante A Estación de Cambre

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