Música, playa y Miguel de la Cierva convierten al Naútico en un lugar único
03 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.A quienes aseveran que nada hay tan complejo como para no ser susceptible de ser contado quisiera yo ver en El Náutico de O Grove. Mucho se ha narrado sobre lo que allí acontece. Pero solo su responsable e icionoclasta ideólogo, Miguel de la Cierva, maneja la clave precisa. «Hay que vivirlo. Y si es posible, descalzo».
El Náutico podía haber sido un chiringuito de playa más como los miles que pueblan el litoral «de La Coruña a Gibraltar» que dirían León Benavente. Pero no lo es. Y no lo es, dice Coque Malla, devoto del lugar, «porque Miguel no es un tipo que se limita a tener un bar e intentar ganar dinero sino que busca y propicia que cada día allí pasen cosas».
Y vaya si pasan. Más allá de lo idílico del entorno, de sus bucólicos atardeceres, del kayak, de la paella y de la playa, El Náutico ha ido configurando a lo largo de los años esa aureola de templo sagrado al que todos los grandes músicos del país desean concurrir.
Fue quizá Antonio Vega, que en sus últimos años encontró en El Náutico el sitio de su recreo, quien creó el mito. Después fueron llegando Raimundo Amador, Kico Veneno, Iván Ferreiro, Coque Malla, Josele Santiago, Carlos Tarque, Ariel Rot y tantos y tantos otros que agrandaron la leyenda. «Ha sido una evolución constante. No ha habido un punto de inflexión», comenta Miguel de la Cierva. Pero lo cierto es que en los últimos años, con la adscripción a la nómina de fijos del local de nombres como Leiva, Love of Lesbian, Xoel López, Lori Meyers, Rozalén o Andrés Suárez, el incremento cuantitativo y cualitativo de conciertos ha sido exponencial. Ciento un bolos programados acogió el escenario a pie de playa del Náutico en el 2015, amén de un sinfín de jams e inesperados encuentros. Más de 40 tiene la programación de este agosto. Además de los citados, otros consagrados nombres, como Mikel Erentxun o Delafé, sucumben también este verano al poder de seducción del Náutico.
Reconoce Iván Ferreiro que la adicción llega a tal punto que «este año varios artistas como Love of Lesbian, Leiva, Egon Soda o yo mismo hemos programado nuestras agendas para coincidir una semana en El Náutico. El plan es perfecto. Allí confluyen mis amigos y mi público al tiempo que disfruto con mis hijos de la playa, paseos en barco y de la gastronomía de O Grove. Es el máximo grado de excelencia».
En el 2017 El Náutico cumplirá 25 años. Lejos de amplificar los fastos, Miguel de la Cierva considera que quizá haya llegado el momento de volver a los orígenes. «A esas cosas singulares que aquí pasaban, en las que una noche cualquiera podías encontrar sin previo aviso a Leiva, Quique González y Xoel tocando juntos. Cosas que no puedes conseguir con cheques sino con el cariño que existe entre público, músicos y lugar». Una situación que de forma tan sencilla como atinada Andrés Suárez define como «la esencia de la utopía».